Hay tardes, de otoño,
muchas veces,
hay tardes de inicios del verano
cuando la luz es tenue, cambiante.
Cuando se anuncia el cambio
de otras claridades,
de destellos y tonos
de costumbres,
de horas largas, nostálgicas,
de crepúsculos cortos
y de entreluces tristes.
Hay tardes, como esas,
en que me gustaría
hacer un hueco en la tierra
y encogerme,
abrigarme con ella,
que me acune y acoja
y me envuelva,
y me adormezca.
Que me sosiegue y me cobije,
que me arrope.
Sí, en tardes como esas
antes de que se ponga
húmeda y fría
y se toque de invierno.
Antes de que se seque y queme
de verano furioso.
Hay momentos, y ocasos
en que me gustaría
hacer un hueco,
justo a mi medida,
recogerme, encogerme
y que me abrigue a su modo.
Y que me proteja
de todo lo de fuera
de las tristezas
y de las alegrías,
de la soledad
y del bullicio.
Y mezclarme con ella
deshacerme poco a poco
y fundirme.
Y ser nada y ser nadie.
Y quizá, quién sabe,
ayudar a dar vida
cualquier otra
nueva primavera.
(19 de septiembre de 2021)
Hay tardes, y atardeceres como lo de las fotos que acompañan a este texto, en los que resuenan los sentimientos de las palabras que escribes. Precioso, preciso y sutil. Qué bonito leerte.
Precioso también este comentario, querido Rafa, que me ha llegado hondo.
Un beso muy grande. Y muchas gracias por esas palabras finales.