EN EL JARDÍN DE LA ISLA. OTOÑO.


Llueven hojas,
amarillas, ocres
y doradas y rojas
en el Jardín de la isla.

Ocres y amarillas
como la tristeza
y el desánimo.

Rojas y doradas
como el recuerdo
y la memoria.

De paseos reales,
de tiempos ostentosos,
de juegos distraídos,
de días de boato
y de desigualdades,
de fiestas y descuidos.
De esplendor y pobreza.

Ya, hoy, vuelan muertas
por caminos vacíos,
sin sones de frú frú,
ni carreras risueñas.

Hoy, otoño también,
plácido y espléndido,
en el mismo jardín
magnífico y hermoso,
se acercan a las fuentes
que encuentran a su paso,
rozan las esculturas
y vuelven a la tierra
o a saltar en el aire,
sin fuerza, sin apoyo.
Al arrullo del agua.

Hoy, secas y deshechas,
sencillas, sin nobleza,
vuelan muertas ya libres
y silenciosas, casi,
cayendo sin orgullo
a abono de la tierra.
Sin resonancias,
sin estridencias.
Sin aspiraciones.

Y las hojas ansiosas
corren despavoridas,
urgentes al destino.
Pero huyendo alocadas
del viento que persigue.
Es la música esta tarde,
que suena con modestia,
humilde y natural,
del Jardín de la Isla.

Es la música simple
del otoño y del viento,
de la tierra y el agua
que de las fuentes manan.

Sonidos y caricias
de esa lluvia dorada
que conforta el paseo,
y que anima el camino
de nuestros pasos lentos,
del deleite del viaje
y de los pensamientos.

Llueven hojas esta tarde
en el Jardín de la Isla,
embelleciendo caminos
y bancos desiertos.
Dando vida también
al ocaso de hoy.

Imágenes: «Jardín de la Isla». Sitio Real de Aranjuez. Otoño. MGP

Esta entrada ha sido publicada en Constelaciones, Desde el tintero, Las estaciones y sus días y etiquetada como . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *