
Hoja que vuela
Me puede emocionar
una palabra sola
leída, escrita, oída,
una nota en el aire
o una sencilla pincelada.
Me puede emocionar
el brillo de un insecto,
el rumor de la hierba,
un pétalo que cae,
el gorgoteo del agua.
Me puede emocionar
una luz en la noche
redonda e inconstante.
Un rayo en un visillo,
del azahar el aroma.
Me puede emocionar
el vuelo de una hoja,
la humedad en la tierra,
el destello en lo oscuro,
el olor de tormenta.
Me puede emocionar
el roce de la arena,
un color de peonía
o una simple venera
desgastada y devuelta.
Me puede emocionar
una espiral de piedra,
la huella de una gubia,
el golpe de un cincel
o el milagro del barro.
Me emociona, también,
la belleza que creas,
todo lo que conoces,
tu timidez madura,
tu humildad, tus silencios.
Pero aún más me emociona
la caricia de un dedo,
tu mirada si habla,
tu voz cuando conmueve,
tu hola, tu hasta luego.
Me emociona, mucho más,
la cálida compañía,
la palabra tranquila,
la mirada sonriente
y tu abrazo imprevisto.
La llamada de aviso,
la sorpresa de un día,
animarme a vivir,
respetar mi reposo.
Y ese beso en la noche.
Y aunque no te lo diga,
y aunque calle y dormite,
me emociona y aviva
cada detalle de amor
que de ti, amable, viene.

Caída del agua

«El beso». Auguste Rodin, 1889.





¡Qué preciosa poesía, Mercedes! Me has emocionado con tus palabras que trasmiten tanto. ¡Hoy creo en el amor! Un abrazo, amiga.
Gracias, querida amiga. Me alegro de que mis emociones te hayan emocionado también. Pero en el amor no crees solo hoy, has creído siempre. Un beso.