
Astrónomo. Alejandría

Katsushika-Hokusai. Olas y barcos de pescadores. Xilografía.
Mi padre amaba el aire.
Conocía los vientos
y sus derroteros
como las mismas rosas
que los guardan y nombran.
Y se quedó sin aire.
Le gustaba la mar
y llegó a conquistarla.
Sabía de corrido
todas sus costas
sus cabos y sus golfos,
y escollos del camino.
Y todos sus colores,
y el nombre de los faros
que la alumbran
en noches sin rumbo.
Y también, cada nombre
de sus puertos y formas.
Y se quedó sin agua.
Conocía las estrellas
que casi le hablaban,
lo guiaban en las noches
perdido entre las aguas.
Las llamaba por su nombre,
confiaba en todas ellas
en horas solitarias y oscuras.
También me enseñó muchas.
Tanto las adoraba.
Miraba los eclipses de la luna,
también su prepotencia
alumbrando como nadie.
Y al sol que guía en el día.
Y se quedó sin luz.
Porque aquella noche,
cansado el mundo,
dejaron de brillar
todos los astros,
se calmaron los vientos
y se fue la marea
para siempre.
Se le escapó el aire,
ya casi inexistente,
se quedó en el desierto
reseco de la nada.
Y se apagó la luz.
Se despidió sin palabras,
ya no había,
en un suspiro ahogado,
de nosotros.
Y de todo lo que quiso
alguna vez.
Que no era otra cosa
más grande que la vida.
Mi padre sabía muchas cosas,
de la mar, la tierra y el cielo.
y otras más, algunas nunca dichas.
Todas se las llevó en un aleteo,
silencioso y no visto.
Se marcharon con él
en suspiro leve, en un soplo.
Esa noche, ni el aire,
ni la mar ancha y grande
ni las estrellas claras
quisieron acompañarlo.
O quizá sí lo hicieron,
y lo guiaron otra vez,
como hacía tanto tiempo,
a otro mundo ignorado
como cuando era un niño.
(Diez años atrás)

Ocaso en La Albufera. Valencia

«Andrómeda y Cassiopea». Planisferio celeste (detalle). Philippe La Hire, 1705.





No se podía describir de mejor manera, a veces cuando miro a las estrellas y siento los vientos, que se que me transportan a otros lugares gracias a él, lo siento cerca y se que esa brisa son abrazos que me dan desde lo mas profundo. Gracias por escribir lo que sentimos.
ELEGÍA A LA CASA DE LA IGLESIA, me ha encantado y seguro que en muy pocos días, se me viene a la cabeza disfrutando de las vistas y los recuerdos. Gracias por ayudarnos a recordar y revivir.
Bueno, ya lo has dicho tú. No hay que añadir nada más. Gracias y un beso.
Gracias por decir en palabras lo que tenemos dentro,las estrellas y los vientos lo acompañaron como no podía ser de otra manera y lo hace también con nosotros transportandonos y viviendo esos momentos que siempre llevaremos con nosotros.😘😘
Pues sí, pero también quedó encerrado mucho tiempo. La libertad estaba fuera. Ojalá la haya encontrado. Un beso.