CAMINO DE VUELTA. DÍA DE INVIERNO

Volvíamos por la alta meseta. El día era de invierno y lluvia cerrada.  Y no estábamos seguros de si nos iba a acompañar todo el camino. El paisaje quedaba desvaído, nublado, como un espejo empapado ante nuestros ojos, pero no menos bello.

Sí, invierno ya instalado, las hojas que quedaban o que debieran ser perennes, se soltaban de los árboles y corrían despavoridas y urgentes, sin destino marcado, huyendo hacia ninguna parte, del viento que las perseguía tan airado. Como lluvia pesada y volandera.

Las nubes iban oscureciendo el terreno, los árboles y el cielo, cubriendo con sus sombras todo alrededor, como tizones fríos. La tierra se hacía más parda, el verde más oscuro, las piedras más grises, la fronda más cerrada e impenetrable. Y, mirando, un poco más arriba, veíamos como seguían corriendo las nubes en una carrera casi vertiginosa. Esa agua evaporada que el viento empuja y que se adensa y oscurece, y todo lo empaña.

El aire encapotado fue abriendo cielos azules, más claros y brillantes sobre el lejano horizonte de tierra y piedra viva. Parece que veíamos claridad en el camino. Pero las nubes sobre nosotros seguían negras y espesas en un trayecto largo por delante. Aunque no nos importaba, pues también eran hermosas.

Entretanto nos acompañaba el viento constante, siempre el aire bailando poseso. Los árboles parecía que querían volar, salir de su secuestro de tierra y lanzarse como flechas con el arco del aire enfurecido, pero solo lograban inclinarse y mecerse con ganas. Sus raíces los retenían. Serán fuertes y viejos, sin duda.

Y en medio del camino, improvisadamente se extendió un arcoíris, arcada hermosa e impresionante, grande y divina. Un portal de color que invitaba a admirar la belleza, con tal fuerza que, poco a poco, fue apagando tantas nubes oscuras, engullendo sus sombras y haciendo desvelarse los colores del mundo más brillantes y limpios, contenidos, apareciendo ante nuestra vista.

Ya las nubes se iban desmenuzando en el cielo emplomado y unas gotas anunciaron todavía el mal tiempo, pero camino adelante.

Y volvió a aparecer, como un misterio, el color en el cielo y otro arco superpuesto, maravilloso, que se impuso de nuevo, repetido, resistente, impresionante y purificador.

Y en nuestro avance, aparecía y desaparecía, imperturbable, de nuestra vista y nos fue rodeando. Parece que se hubiera hecho dueño absoluto del paisaje y, fuerte, se duplicaba. ¡Qué belleza! Qué esplendor inesperado. Lucido ya, se fue desvaneciendo, como apagando. Y comenzó la lluvia, ya esperada atrás en el camino. Y el horizonte, otra vez, se volvió opaco, pero también bello. El invierno se impuso y vistió la jornada.

La mañana nos hizo el regalo del día.

(Enero, 2025)

Doble arcoíris. La Vanguardia

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2 respuestas a CAMINO DE VUELTA. DÍA DE INVIERNO

  1. Antonio dijo:

    He seguido vuestro viaje y me ha parecido precioso a pesar de lo desagradable de la climatología en diversos momentos, pero también la forma en que lo cuentas tiene mucho que ver.
    Ha sido mi primer comentario, espero que no sea el último.
    Muchos besos.

    • Mercedes_GP dijo:

      Muchas gracias, Antonio. Me alegro de que te hayas decidido a comentar y yo también espero que no sea el último, desde luego.
      Lo del tiempo no lo considero desagradable, es el propio de la estación. A veces, en nuestras latitudes también se echa de menos el invierno.
      Y la verdad es que todas las luces del día y las estaciones encierran su belleza.
      Y gracias por apreciar mi forma de contarlo.
      Un beso grande, querido amigo.

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