Como deshilvanados

«La costurera», Diego Velázquez, h. 1635-1643. Galería Nacional de Arte, Washington, Estados Unidos.

El pasado año 2014, la revista «Pliegos de la Academia» (editada por la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia de El Puerto de Santa María), en su número 21 correspondiente a la 2ª época, publicaba un pequeño poemario (páginas 25 a 49) de mi autoría.

Eran 13 poemas a los que titulé «Como deshilvanados», en parte porque era el título de uno de ellos y en parte también porque se trataba de poemas sueltos, «deshilvanados», que reuní para esta ocasión.

Algunos de ellos ya fueron publicados en este mismo blog, activo por aquellos años y que ahora vuelve a tener un nuevo tiempo. Otros, estaban entonces inéditos.

Como la tirada de la revista fue corta, ahora vuelvo a editar este pequeño cuaderno de nuevo digitalmente y a través de «Palabreando» en modo de página.

Reproducimos aquí los textos tal y como aparecieron entonces en aquella publicación, pero acompañados de imágenes, que entonces no tenía. Y, una a una, las entradas aparecerán por separado en una página única.

La invitación me vino de la entonces presidenta de la Academia y amiga de siempre, María del Carmen Cebrián González. Y tuve la gran suerte de que hiciera la presentación Inmaculada Moreno Hernández, académica de la institución, investigadora y una gran poeta a la que admiro. Desde aquí y, aunque ya han pasado casi diez años, reitero mi agradecimiento a las dos y al Consejo de Redacción de la revista.

Vuelco aquí parte de la magnífica presentación de Inmaculada, que sinceramente dudo merecida y que publico con su consentimiento. Gracias de nuevo, Inmaculada.

PRESENTACIÓN

“Pero el instante / ya es nuestro”, escribe Mercedes García Pazos. Estos dos versos resumen perfectamente la breve colección de sus poemas que presentamos a continuación. En ella la palabra “instante” es clave. Los que leerán en estas páginas son trece “instantáneas” en palabras, trece fotografías verbales que detienen lo que nunca se detiene: el tiempo (una vez más, la literatura plantándole cara al gran déspota del fluir incontenible). Pero la detención del tiempo de García Pazos no pretende simplemente fijar un momento de belleza, cosa que de por sí misma ya justificaría cualquier poema; esa detención del tiempo consigue, además y sobre todo, darnos la ocasión de asumirla conscientemente. No olviden que “la belleza es la verdad, la verdad es belleza”, según defendió Keats. Para García Pazos todo es pleno en sí mismo, cada instante es una revelación de la conciencia de tal modo que una imagen detenida habla y ella le da voz en versos breves, a veces asonantados.

La rosa ha venido siendo en nuestra tradición el símbolo de la caducidad de todo lo hermoso; García Pazos reelabora el tópico creando un emblema personal para el mismo: la camelia. Es tan importante para ella este símbolo que los once poemas centrales se enmarcan en dos homenajes a esta flor: “la primera camelia” y “Último deseo”. El poema de cierre nos dice el porqué de esta particular revisión: sobriedad sin grandilocuencias, afán comunicativo y consciencia del tiempo. No da aroma, sólo compañía cuando más falta hace en el invierno.                            

No da aroma,
sólo compañía
cuando más falta hace
en el invierno.

Toda una poética está encerrada discretamente en estos versos finales.

Una recomendación, cuando pasen estas hojas, deténganse en “Tarde de verano” es un espléndido poema que merece atención especial por muchas razones. Aquí se rompe el estatismo de los otros textos para filmar una breve coreografía de lo cotidiano. Observen que en él las “musicales notas” no proponen ninguna connotación sonora, sino visual: bailan corcheas, fusas… y tal vez la grafía del silencio de negra, esa minúscula golondrina de los pentagramas. La poeta privilegia la imagen, la musicalidad de estos versos es discreta: la de sus austeros y perfectos heptasílabos. Disfruten del acierto de la metáfora del pájaro como “garabato” en un cielo que es azul y limpio como el papel y de la secuencia final imaginando el invisible “trampolín del aire” que consigue las piruetas de las bandas de aves.

(…)

(Inmaculada Moreno Hernández. Poeta. Académica de la Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia)

Aprovechando estas últimas palabras de la presentación, hoy, 22 de noviembre, festividad de Santa Cecilia y Día de la Música, iniciamos esta página.

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