Me dormí leyendo: soñé con letras. Con letras que tenían la forma de tu letra, con cartas que llevaban tu caligrafía. Soñé, también, con cuadernos, con diarios íntimos, con poemas, con historias de amor y desastre, con libros de aventuras. Con hojas que guardaban la forma de tu letra. Todo estaba compuesto con tu escritura propia. Después apareciste, y me hablaste tú mismo. Y las letras salían, de tu boca, como formas escritas, como tú las dibujas, con tu caligrafía. También soñé, más tarde, que alguien creaba el mundo, porque en mi sueño antiguo no había nada. Sólo eran tú, las letras y la escrita palabra. Y todo se fue haciendo pero yo no sé como, porque me desperté sin verlo terminado. Mas todo estaba escrito, todo seguía un orden de párrafos impresos. Era como si fuese creado por decreto, transcrito y publicado. Y ese manuscrito llevaba tu letra.


Alfabetos de Alberto Durero




