Fotografías de José Manuel Vargas.

Invitación de la exposición.
Con casi medio año de retraso, debido a motivos personales, dedico una entrada a la exposición fotográfica de este nombre, celebrada entre el 16 de septiembre y el 18 de octubre de 2025, en El Puerto de Santa María.
Este texto recoge la presentación que realicé el día de su inauguración en la que las fotografías y su autor, y el río Guadalete en su desembocadura, el tema de la misma, fueron los protagonistas.
La decisión de publicarla con tanto retraso se debe a que sé que hay algunas personas que la estaban esperando. Pido disculpas a todos ellos y espero que no hayan perdido el interés en este tiempo.
Las palabras entonces pronunciadas llevaba como título «Contemplando las riberas. Una nueva mirada al río», así que añadí una primera frase al título de la exposición.
Aquí se transcriben tal y como se emitieron en aquel momento.
CONTEMPLANDO LAS RIBERAS
El río discurre, más o menos lento, por su cauce hasta la Bahía, tranquilo pero imparable, encauzado y dejando sedimentos en su fondo, asentándose de algún modo.
Este mismo río, y su buscada salida al mar, ha sido la fuente, el origen de El Puerto de Santa María como ciudad y con él se ha ido desarrollando a lo largo de toda su historia hasta el presente.
El tiempo, por su parte, ese elemento inmaterial, pero que es la medida de todas las vidas y de todas las cosas, también va pasando y en su paso constante e imparable, igualmente, va mudando y transformándolo todo. El tiempo y el hombre que lo habita, por supuesto.
Y estas riberas no han sido menos: la historia, los cambios naturales, económicos y sociales, y sus pobladores, las ha ido modificando en todas sus edades.
Para El Puerto de Santa María, el río ha sido siempre un elemento muy presente que prácticamente constituyó la ciudad, que le ha servido de sustento, y que ha ido variando a medida que esta ha ido cambiando y avanzando.
Por tanto, no fue siempre como lo hemos conocido. En la Antigüedad desembocaba mucho más arriba y formaba canales que se adentraban en la marisma confundiéndose, como también hoy, con el mar.

Desembocadura del Guadalete en El Puerto de Santa María.
Imagen obtenida de BARDALLUR. Blog divulgativo.
En la mitología clásica los ríos eran dioses, menores, pero dioses, al fin y al cabo, y padres de las ninfas.
Y como tales podían ser bondadosos, fértiles, pero también malvados y destructores. Como siguen siendo. Los hombres los humanizaron, en el sentido de que los alteraron en su propio beneficio. Sin ir más lejos, este mismo Guadalete lo fue en época romana y posterior, alejando cada vez más su desembocadura.
Así que, en este caso, podemos decir que fueron los romanos los primeros fundadores de la ciudad en su emplazamiento actual, y parece que modificaron su curso y cambiaron la desembocadura a la de hoy para su conveniencia. A partir de entonces, la historia de El Puerto y su vida han estado ligadas al Guadalete, sin cuyas aguas no se entendería.
Aunque no sea este el motivo de la exposición, el protagonismo del río ha sido tal que para la ciudad de El Puerto ha constituido camino y vía de comunicación con el interior, salida al mar de la importante ciudad de Jerez y su campiña, y también con el exterior, las costas peninsulares, el Mediterráneo, el Atlántico y Ultramar. Elemento vertebrador de toda la ciudad, punto de encuentro, de salida, de llegada.
Su importancia estratégica, comercial, militar, pesquera, y también turística y de ocio, entre otras, está ligada, por tanto, a esta desembocadura.
Tanto es así que en uno de los primeros dibujos que existen sobre El Puerto, estudiado ampliamente por mi compañero Miguel Ángel Caballero y publicado en Revista de Historia de El Puerto, y que muchos de ustedes sin duda conocen, el protagonista es el río. Se trata de un dibujo bellísimo con el título de “Porto de Santa María” realizado por el autor flamenco Anton van der Wyngaerde en 1567.
Encargado por Felipe II entre un conjunto de las ciudades más influyentes y decisivas de la época en diferentes aspectos -en este caso es el estratégico-, el autor decide que esta ha de ser representada teniendo como protagonista el río, en ese momento lugar de asentamiento de una importante flota militar y comercial.
Y se contempla desde la otra orilla, la otra banda, y en primer plano las salinas. El Puerto aparece asomado al río en toda su extensión, desde la desembocadura hasta los altos meandros del interior.

Dibujo final de El Puerto de Santa María. Anton van der Wyngaerde, 1567.
Para los portuenses también ha sido siempre un balcón al que asomarse y un espejo en el que mirarse. Y al mismo tiempo, sustento de muchos de sus vecinos mediante la pesca, las salinas, los molinos, varaderos, etc. y uno de los caminos que ha traído a personas de otros lugares en busca de trabajo y que constituyen parte activa de esta ciudad y la han enriquecido con otras culturas, como puede ser mi caso y el de mi familia, portuenses ya plenamente.
La humedad que proporciona y el salitre de la ría y las marismas ha condicionado la crianza de vinos generosos que tanto prestigio y riqueza ofrecen.
El propio escudo de El Puerto de Santa María en el que se representa a la virgen de las Cantigas de Alfonso X sobre la fortaleza del castillo de San Marcos tiene como base unas ondas, que podríamos confundir con las del mar, pero no es más que la representación de las aguas de este río. Un río que va unido a la ciudad, que ha sido su vía y su motor y en el que ella durante mucho tiempo se ha mirado, lo ha cruzado con distintos puentes a lo largo del tiempo y se ha visto reflejada.
En cuanto a su nombre, ha llegado a ser algo controvertido.
Tradicionalmente y apoyándonos de nuevo en la mitología, el nombre de Guadalete se debe a una reconciliación entre griegos y fenicios y el antiguo río Criso pasó a llamarse Lete o Leteo, río del olvido, como aquel el mítico arroyo que hacía olvidar todos los males. En este caso, las hostilidades.
Fueron los árabes los que le dieron el nombre de Guadalete, añadiéndole el prefijo “Guada” o río. Y por ello se ha relacionado también con la famosa batalla entre cristianos y musulmanes. Hoy sabemos que no se dio en estas orillas, pero el Guadalete sigue conservando su nombre, a las puertas de su despedida en el mar.

Ribera del Guadalete con la ciudad al fondo. Fotografía JMVargas.
Parece que durante un tiempo estas aguas entre, dulces y saladas, entre río y ría marina, han quedado un poco desenfocadas, algo olvidadas, poco atendidas.
Porque durante años, este “río del olvido” ha sido también un “río olvidado”, arrinconado de algún modo por la ciudad que le debe la existencia, pues no sería sin él. Por la ciudad y por quienes la pueblan. Se le ha dado la espalda en cierta forma.
Y, sobre todo en las décadas anteriores, hemos ido perdiendo la memoria de que la presencia de su curso y sus aguas determinó la fundación y evolución, también histórica de esta ciudad, al mismo tiempo que testigo de sus principales momentos. Y, también, la artería o vía de comunicación con el mundo.
Por eso, porque los ríos son grandes canales de comunicación, yo creo que las ciudades con ríos son especiales, las hacen más amplias, más ricas, más bellas, más claras, más abiertas. Y esta lo tiene. En la bahía de Cádiz, desde El Puerto se convierte en un brazo, mejor dicho, en un abrazo con la mar. Y es que, también pienso que las ciudades con mar son especiales y también más claras y vivas.
Y para los portuenses era un espejo en el que mirarse, pero en una época cercana, ese espejo se apagó.
En los últimos años, esta villa de El Puerto ha reconocido en cierto modo una parte de su identidad y vuelto a mirar al río. Y a sus riberas. Y actualmente se encuentra intentando recuperar una zona, iluminar esa parte oscurecida, y recuperar la estrecha relación natural entre ambas. Volver a dar luz a esta ribera luminosa.
Como bien dice el autor de estas fotografías, este proyecto fotográfico tiene un objetivo modesto y respetuoso con la zona, y es el de documentar de forma sencilla y establecer, a través de imágenes, conversando desde épocas y tiempos muy distintos, una idea lo más clara posible del lugar. En definitiva, expresar el diálogo que se establece entre las nuevas reformas actuales y los sedimentos depositados de tiempos anteriores.


Banderolas publicitarias de la exposición.
Con ello no se intenta exponer solo aquellos elementos que puedan ser considerados notables o significativos y aislarlos de su contexto, o el que fuera su entorno conocido, sino más bien comunicar los rastros del pasado con el nuevo paisaje a fin de que no pasen desapercibidos y concederle la importancia que merecen y siempre merecieran.
Es también una propuesta estética, aunque con carácter documental, porque intenta destacar en estas piezas la belleza que poseen, pero huyendo siempre del efectismo o el embellecimiento y adorno artificial o ficticio.
Los espacios se presentan vacíos, pues lo que esta colección pretende es convertirlos en los auténticos protagonistas de la fotografía, aspirando, sencillamente, a construir nuevas formas de expresar belleza, resaltarlos con cuanto le rodea y animarnos a contemplarla. Estos están desiertos, las escenas urbanas, inanimadas y, al mismo tiempo, tan evocadoras.
Ahora, como aquí se ha dicho parece que se le intenta dar de nuevo brillo, otro lustre y, aunque no sea al gusto de todos, volver la vista hacia él de algún modo, pasearlo, disfrutarlo y, por tanto, vivirlo.
La ciudad se quiere reencontrar y recuperar a ese camarada casi olvidado, o distante en cierto modo. Volverle la cara, la mirada, contemplarlo. Reconocerlo y darle el papel que siempre le ha correspondido y que nunca debió perder y, al mismo tiempo, dotarlo de un valor estético y una imagen contemporánea. Los tiempos cambian y, aunque adaptándose a ellos, la imagen de la memoria debe permanecer, su recuperación no puede estar aislada de su significado y debe evocar.
A mí misma, personalmente, me gustaría que fueran esos elementos patrimoniales que aún persisten el modelo en el que mirarse, que sus riberas mantuvieran y guardaran una identidad propia y no de catálogo.
Y que no todo vaya a parar al mar, pues solo las aguas del Guadalete deberían tener ese privilegio. Tengo mi propia opinión y sería mi deseo que se nos devuelva a todos una imagen de ciudad moderna, renovada, pero con carácter propio, como siempre fue. Pero no es a mí a quien le toca hablar, aunque ya he hablado bastante, sino a estas imágenes de José Manuel Vargas con las que pretende dirigir “Una nueva mirada al río”. Sin duda, lo más importante es poner de nuevo la mirada en él y apreciarlo en todo su valor, que no es otro que el nuestro. Que, en definitiva, es única y exclusivamente lo que pretende esta muestra fotográfica.

Una imagen de la exposición
Si no muchos, algunos de ustedes, una mayoría de vosotros, conocéis ya la obra y la trayectoria como fotógrafo de José Manuel. Él, con modestia, seguro que no querría que dijera esto, pero es de justicia hacer referencia al autor de la obra y, entre otras cosas, por eso estoy aquí hablando: Fotógrafo, casi vocacional, de Naturaleza porque es lo que verdaderamente le gusta, ha recogido imágenes de distintos lugares del territorio peninsular en toda su grandeza y también, y sobre todo, de la flora de la zona y alrededores, de los Parques Naturales de Los Toruños y la Algaida, o de los Alcornocales, la costa gaditana, de los cielos nocturnos, de los ríos y el bosque, del otoño, del mar y sus orillas, y del propio Guadalete en todo su curso.
Durante un tiempo, su fotografía se ha centrado en esos cursos de agua en los que agua corría, o no corría, o iba a saltos entre piedras y rodeados de vegetación y naturaleza. Y a lo largo de los últimos años ha estado recorriendo y recogiendo imágenes del río desde su nacederos, o fuentes, hasta llegar a este puerto, canal, río o ría, como le queramos llamar. En definitiva, donde las aguas dulces de arriba, tierra adentro, se unen y confunden con las saladas de la bahía gaditana, a la que se abre generoso. Y ha decidido detenerse en su punto final, en la desembocadura, en el que lo acerca directamente a El Puerto de Santa María.
También, en su constante trabajo de formación y descubrimiento ha ido pasando de la fotografía de Naturaleza al paisaje, conociendo y penetrando en la obra de grandes maestros que renovaron la fotografía y, de aquí, al paisaje humanizado y en esta muestra desemboca ya, como el mismo río en un paisaje urbano, humanizado totalmente y también en cierto modo histórico.
Con esta muestra realiza un paseo, un recorrido visual, una observación detallada de las dos bandas, como aquí nos gusta llamar, del río Guadalete: esta banda, la de la ciudad y la otra banda, la de enfrente, a la que ésta se asoma. Su mirada es atenta, detenida y, al mismo tiempo, sosegada y tranquila, sin opinión ni crítica, objetiva, recopilando únicamente unas instantáneas estudiadas de lo que hay, de lo único que la cámara puede recoger.

Detalles de la muestra.
Pero yo, como observadora, como espectadora solamente, igual que todos ustedes sí puedo formarme una opinión de estas imágenes tan escogidas. Y, además de una sensibilidad manifiestamente declarada y demostrada ya en su bastante amplia obra. Y las imágenes que muestra José Manuel Vargas en esta exposición me transmiten sentimientos, algunos contrarios. En primer lugar, de abandono y en segundo lugar de promesa y oportunidades. Y espero que así sea y perdure. Y que se cumplan y se logren las mejores.
No quisiera que entiendan estas palabras como nostálgicas. No me gusta la nostalgia y me parece una palabra triste, pues de poco o nada sirve echar de menos lo que ya no está ni estará más. Me parece mejor la memoria viva, la que mantiene los recuerdos con toda la vida que los acompañan, como lo hacen algunas de estas imágenes, aunque procedentes de otras épocas, habiendo vivido otra historia, pero aún presentes, como aquí. Porque en esta exposición no existe la nostalgia, en todo caso, aparecen, aislados, testigos de otros tiempos que se miran en estas aguas, como siempre.
Defendía ya Heráclito que el río nunca es el mismo, y los tiempos tampoco. Pero los elementos que van quedando por el camino deben encontrar, en justicia, su hueco, pues no son otra cosa que testigos de actividades y vivencias, quizá un poco marchitos, pero presentes e infinitamente ilustradores.
Porque lo importante en todo cambio que se realice es mantener la IDENTIDAD de lo que se tiene. Y la Identidad no existe sin Entidad, la que estas piezas humildes nos recuerdan.
Y ya para terminar, por fin me gustaría hacer referencia a un dicho conocido y certero. Se dice que quien tiene un amigo tiene un tesoro. Para una ciudad, un río también lo es y así lo debe apreciar. Por eso, cualquier ciudad con un poco de sensibilidad cuida sus ríos, porque sabe que lo es.
El río es la arteria, con la que comunica y late, y el pulmón con el que respira. Y el fotógrafo ha encontrado un amigo en el río, conversa con él, lo contempla, lo admira, lo retrata y recibe también sus impresiones. Así que en cierto modo ha encontrado un amigo y un tesoro.
En sus propias palabras: “Con esta exposición quiero volver la cara al Guadalete, contemplarlo y hablar con él en incontables paseos, y, a través del objetivo de mi cámara fotográfica, mirarlo y reconciliarlo con la ciudad”.


Imágenes de la inauguración
Porque, amante de los ríos, se puede decir que, en este caso, José Manuel ha llegado a entablar amistad, pues de este Guadalete ha conocido todo su curso, desde lo más alto, hasta aquí. Ha establecido comunicación, le ha aportado información y saber y él ha correspondido con paciencia y admiración. Se puede decir que se han hablado, comunicado y aportado personalidad.
Pero, además, estas fotografías expresan belleza, documentan, y también comunican armonía, emoción, en fin, arte. Sí, la fotografía, desde hace años, afortunada y justificadamente, ya ha sido considerada como obra de arte. Y estas, desde mi punto de vista, encajan en este grupo.
Si nos fijamos bien, cada una de ellas expresa un componente, una cualidad, a veces unidas, a veces de forma singular: el color, la monocromía, la luz, las sombras, las formas, los volúmenes, la línea, el peso, la levedad, la composición, el aislamiento. Se podrían estudiar y descifrar como un cuadro, como una escultura, como cualquier obra estética o exquisita. Pero aquí, no son las manos del artista las que consiguen la obra final, la obra final es mecánica, pero la mirada es el pincel, es el cincel. Y para eso hay que saber mirar, escudriñar las horas, las luces, los enfoques, los ángulos, y entender lo que queremos ver, lo que vamos buscando.
Soy conocedora de primera mano, de que esta muestra es producto de un largo estudio, de mucho tiempo, preparación, búsqueda, horas, épocas del año, luces, esperas y repeticiones hasta dar con lo que el artista quiere expresar. Volver, porque la luz o las sombras han mejorado, esperar a que el lugar este limpio, o a que el arbusto eche flores, etc. Y a todo ello hay que añadirle una mirada única, la que tiene cada artista a la hora de captar aquello que busca en el paisaje o en el objeto. Y también una sensibilidad propia y personal.
Por otra parte, aquí se representan objetos en primer plano, elementos recortados o planos cortos de un paisaje, pero es todo el conjunto, con todas sus piezas, el que José Manuel ha querido recoger en este pequeño y último tramo del río que dio y sigue dando vida a esta ciudad que parece que se vuelve a mirarle a la cara, esperemos que sin altanería y con sinceridad.
A mi modo de ver, en esta muestra, y con relación a su obra anterior, el fotógrafo se aventura, cambia su rumbo y avanza desde lo grande a lo pequeño, de lo inmenso a lo cercano, de lo natural a lo humano, de lo distante a lo conocido.

Panel final de las obras expuestas
Porque como escribió Mercé Ibarz en su libro Tríptico de la tierra: “No hacemos el paisaje, el paisaje nos hace”. Por eso debemos cuidarlo, para ser como nos gustaría.
Y en palabras del geógrafo, investigador y divulgador Javier Maderuelo: El paisaje […] es un concepto inventado o, mejor dicho, una construcción cultural. El paisaje […] es el conjunto de una serie de ideas, sensaciones y sentimientos que elaboramos a partir del lugar y sus elementos constituyentes. La palabra paisaje […] reclama también algo más: reclama una interpretación, la búsqueda de un carácter y la presencia de una emotividad. Por lo tanto, la idea de paisaje no se encuentra tanto en el objeto que se contempla como en la mirada de quien contempla. No es lo que está delante sino lo que se ve. Pero la mirada requiere, a su vez, un adiestramiento para contemplar. La contemplación del paisaje desde el punto de vista del arte debe ser desinteresada, estética. Así, el paisaje es el resultado de la contemplación que se ejerce sin ningún fin lucrativo o especulativo, sino por el mero placer de contemplar. (MADERUELO, Javier, El paisaje (actas).Pág. 10.)
Esta idea, que creo que José Manuel Vargas entendió hace ya mucho, la refleja precisamente aquí. Así que ahora los animo a que aprecien estas imágenes sin pretensiones y en su justa belleza. Que miren al río, contemplen sus orillas y disfruten de esta ribera luminosa, como la llamé en una ocasión, que tenemos la suerte de tener. Todo cuanto mira al río refleja luz. Volvamos a darle luz. Y que sea José Manuel, mejor que nadie, quien presente su obra, con su mirada y con sus palabras. Con él les dejo. Muchas gracias.
Comparto el enlace de las imagenes de «Una nueva mirada al río», publicada en la página web del fotógrafo.





❣️
Gracias, querida prima. Un beso.
Nuestro Guadalete. Buena exposición
Gracias, Olga. Un beso,
Hola, Mercedes, me alegra muchísimo verte en tu blog, dándonos esa parte de ti a la que nos tienes acostumbrados y que tanto echábamos en falta. Y la alegría para mí es doble, porque esta publicación la estaba esperando con muchas ganas. Me ha encantado leerte, amiga, sabes que me gusta mucho tu manera de expresarte, tan certera y tan poética a la vez. Has tenido que realizar un gran esfuerzo por resumir y hacer esta difícil síntesis sobre el río (de su importancia para la historia de El Puerto) y de la Exposición, de la obra de José Manuel y de su trayectoria como fotógrafo. Comentarios con el cariño pero sin faltar a la objetividad que tienes, por conocedora del arte y de la realidad del río. Muchas gracias, Mercedes, me ha gustado tan bien las fotografías que acompañan al texto, nos recuerdan lo que vivimos. Un abrazo.
Gracias, Isabel, amiga, como siempre, por tus palabras animosas y llenas de cariño. Me alegra mucho que te haya gustado la entrada. Sabes que valoro, en mucho, tu opinión. Otro abrazo parea ti.