TIEMPO PASADO

Caspar David Friedrich. «Mujer en la ventana»

«Viejo en una ventana», Samuel van Hoogstraten, 1653

Cuando se mueva la vida,
otra vez,
puede que salgamos
como niños hambrientos,
abiertos a un mundo nuevo
a un nuevo aprendizaje
para tratar de hacerlo mejor.
Sería lo deseable.

Tal vez salgamos como si nada,
como autómatas egoístas,
A lo de antes. A lo de siempre.
Sin pensar.
Sin entender.

O quizá, todos nos hayamos
acostumbrado al miedo.
Y temamos la luz y el movimiento.
Y nos hayamos convertido ya
en unos perezosos obedientes
o en obedientes perezosos,
que no sé si es lo mismo,
pero viene a ser igual.

Y perdamos la costumbre de hablar,
y el silencio nos ahogue
sin darnos cuenta,
y no nos encontremos
ni a nosotros mismos.
Y los abrazos y las disputas
sean solo con nosotros
y a distancia.

Y todos los gestos vacíos
sean bienvenidos.
Y no queramos pedir nada,
Solo estar, de cualquier modo.
Sentirnos.

Y, entonces, puede
que todo salga mejor de lo previsto,
y el miedo esté ya
muy dentro de nosotros.
Y se nos quede, y nos amenace,
al otro lado de la puerta
y en los otros, los de fuera.
El miedo y la maldad siempre están fuera.

Y quizá también, puede ser,
nos hayamos convertido
en presos de nosotros mismos.
Y entonces,
haya quien se sienta satisfecho.

La jugada sería perfecta.
Sin necesidad de culpar a nadie.
Sin necesidad de seguir viviendo.
Cuando se mueva la vida,
otra vez,
puede, que nos hayamos
desacostumbrado a estar vivos
Y ya nada podrá ser igual.

Y puede que nos olvidemos del temor
y puede,
Que todo vuelva a ser igual que antes.
Seguramente.
Sí así será, seguramente.

(21-abril-2020. Cuarenta días de confinamiento)

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