El sauce mira al río
a la luz de la tarde,
y languidece.
Moja suavemente
la melena en sus aguas,
y tiñe su color
de un añorante verde.
Dicen que de esperanza.
Será quizás, también,
color de la memoria.
El árbol se refleja,
y mientras se desprende
de una larga nostalgia.
Espera, mustio y manso,
verla con la corriente.
Entretanto conversa,
sosegado y sereno,
de estirados recuerdos
de hace mucho.
Los suelta dócilmente,
lacio, quizá rendido,
probablemente triste.
Dicen que llora.
Quien sabe.
(Septiembre, 2012)