Los campos se suceden
de aburridos sembrados,
idénticos, iguales, uniformes,
páramos infinitos,
horizontal planicie.
Ya muy cerca de Arévalo,
se convierte en pineda
el regular paisaje.
¡Qué bello está el pinar!
Este sembrado inmenso
de árboles en línea,
alfombrado de púrpura,
de gramíneas cubierto.
Un don de primavera.
Y esta monotonía…
se ha vuelto tan hermosa:
Se cubre el suelo
de vivísima alfombra
verde, púrpura, lila
y blanco amarillento.
…Y de pinos
que orgullosos
se yerguen. Suben.
Se elevan. Ellos pueden.
(Junio, 2013)