PRAIA DE AGUIEIRA (II)

Había en la ría
heridas aún abiertas
y cicatrices marcadas
en la arena blanca.
Y lajas de piedra.
Llegó el crepúsculo
y el cielo se vistió
de nubes naranjas,
el gran sol se volvió
de cera, transparente.
El agua fue cubierta
del turquesa al púrpura,
como la llaga abierta
de este estuario.
Bajo el cielo, 
incandescente,
la mar se iba encendiendo,
agrandando una hoguera
espesa y fluida, de metal,
hirviente, extraño y raso.
Una hoguera infinita.
Y el color aguamarina
fue variando al turquesa,
al verde, al azul más oscuro
cuando la luz partió
por la tierra del fondo.
Había en la ría
color de despedida.
Un puente envidiable,
un islote, una casa.
Heridas, cicatrices
y lajas de piedra.
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