
Bajo este sol que asoma entre nubes de plomo se alzan piedras seguras tan grises como el cielo. Son rocas de granito, suelo y sostén de Ávila. Hay cielo de tormenta y bochorno en el aire. Llovió hace un rato y lo iluminó todo: el contorno de las nubes, los sillares dorados de su apretado anillo, las paredes, almenas, torres y barbacanas. Entre el recio peñasco y la villa bendita hay un aro de historia: la perfecta muralla. Y esta luz de la tarde, tan limpia como un rezo, lo separa del fondo, lo define y despega en su escala perfecta. Bajo este inmenso cielo tormentoso y soberbio, ¡qué magnífica estampa! ¡qué divino paisaje!




