LLEGAMOS A ÁVILA

Cuatro postes y Ávila
Ávila. Los cuatro postes y la ciudad al fondo. JMV.
El día ha ido dejando 
atrás la tormenta.
Parece que nos iba 
siguiendo los pasos:
nubes grises delante,
cielo espeso
y lienzos de agua
a uno u otro lado.
Así, durante horas.
Y algún aguacero,
de vez en cuando.
Ahora nos da un respiro.
Ya divisamos Ávila,
apacible y cercada, 
delante de nosotros.

Tras de los cuatro postes
la ciudad nos espera.
Ávila: loma, 
catedral , muralla,
y algún campanario,
que sobre el gris destaca,
entre inflamadas nubes.
Y una enorme espadaña
en un costado.
Fortificado recinto, parece,
encerrado en su historia.
Un conjunto imponente
al que asomarse, y entrar.

Y de pronto, una sombra
que, leve, apresurada
y revoltosa, me ronda.
Es una urraca 
que corre por mi lado.
Y que brinca impaciente,
no se asusta.
Entonces me imagino 
a una monja traviesa,
que, con habito antiguo,
curiosa, alegre, inquieta,
y seducida por la primavera,
se ha escapado, a escondidas,
esta tarde, del convento.
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