
Bodegón con pescado, vela, alcachofas, cangrejos y gambas, 1611, Clara Peeters. Museo Nacional del Prado.
El padre llegaba después muchos días y de muchas semanas. Traía el cansancio del trabajo, de noches sin dormir y una enorme bolsa de tela, un petate lleno de ropa sucia. Y una gran canasta de pescado, el más fresco, el último que se pescó.
La madre, fuerte valiente, el soporte firme de la casa, recibe al padre y lo que trae.
En la bolsa la ropa estaba mezclada y el conjunto olía a sudor, gasoil, pescado y a sal. Un olor acre, ácido y antiguo, que lo inundaba todo al abrirla. Y el olor del caldo recién hecho, que el padre esperaba, se mezclaba con todos.
En la canasta, el pescado era variado, brillante, casi vivo.
Y todo quedaba extendido en la cocina sobre el suelo. Quedaba trabajo por hacer.
La madre va separando primero el pescado, colocándolo para que no se estropee. En la casa no hay congelador -pero se sienten dichosos porque tienen un frigorífico con un pequeño compartimento- y hace montoncitos, pequeñas porciones para repartir a las vecinas, y guarda la mayor parte para la familia. Hay que seleccionarlo y limpiarlo.
También hace montones con la ropa sucia. Aunque no hay ropa blanca, toda es oscura, también la interior, la va separando. Es ropa gorda y basta: camisetas y calzoncillos largos y gordos de algodón, calcetines también gordos de lana, oscuros, pañuelos arrugados, pantalones y camisas de mahón. Y entre ella, madejas de estopa y restos de hilos mezclados, limpios y sucios, con un tufo fuerte a gasoil, a pescado y a mar.
A la niña le gusta ese olor rancio y duro, esa mezcla recién salida del barco y del tiempo. También le gusta el primer beso de su padre en la puerta de casa, una caricia que le raspa la cara con la barba.
Una vez dejados los bultos en casa, el padre se marcha y vuelve algo más tarde.
Dentro de un rato, cuando regrese y se asee, su padre olerá a jabón de olor y jabón de afeitar y, cuando salga de nuevo, ya no pinchará la cara con la barba.
Y así, una vez y otra. Y otra. Y mientras, la espera.
La madre ya no está, el padre y la niña tampoco.
La mujer de hoy sigue amando y buscando aún esos olores.
Octubre 2020, octubre 2023





Olores autobiográficos! Los olores, los sonidos…siempre nos recuerdan algo o a alguien. Tú, con nostalgia
Cuántos recuerdos maravillosos …..
Todos tenemos, Mari. Un beso.
Ese olor se quedará en el recuerdo por siempre y todo los recuerdos que vuelven con ellos.😘😘❤️
Ya se nos han quedado.