OLAS

«La ola». Gustave Courbet. 1869.

Las olas, cuando mueren,
van besando la tierra.
Muere la mar entera
deslizando su espuma,
sangre fría del abismo,
sal de tiempos remotos.

Salpican o deslizan
sus aguas perezosas,
o sus lomas febriles.
Pero acaban en tierra
o batiendo la roca
con furia desmedida.

Y el océano se vuelca
y se llena de nuevo
como una vida grande
que no termina nunca
pero las olas mueren
en la tierra que espera.

Perdidos en las simas
los líquidos se yerguen
hacia la luz inmensa.
Brilla y se mueve libre
para bajar al fondo
y regresar de nuevo.

Y levanta memorias
de zonas abisales,
fondos hondos y ocultos,
cimientos de la tierra.
Aguas densas y oscuras
perdidas en el tiempo .

Recuerdos de otras eras
quizás más luminosas,
o tal vez más oscuras.
Orígenes inciertos
que viven desterrados,
perdidos en las simas
debajo del océano:
piélago tenebroso
de donde igual venimos.

«El monje frente al mar». Caspar David Friefrich. 1809. National Galerie. Berlin.




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