
«Estudio del retrato del papa Inocencio X, de Velázquez. Francis Bacon, 1954
Cuando nos desolamos
y no queda esperanza,
es el miedo el que danza
muy dentro de nosotros,
con su ritmo, constante,
descarado, de amenaza.
El miedo que te oprime.
El miedo que te atrapa.
El miedo.
Es el miedo sin miedo,
que bailotea en el cuerpo,
y zapatea en la mente.
Y en un cuerpo rendido
tullido y apagado, receloso,
y que no escucha a nadie.
El miedo que atenaza.
El miedo que enmudece.
El miedo.
La música, el fulgor,
el calor, la alegría,
no encuentran acomodo
por la ausencia de luz,
por la falta de fuerza
roída por el miedo.
El miedo que te envuelve.
El miedo que te ahoga.
El miedo.
Y no responde a nada
que no sea temeroso.
Porque ronda, seguro,
en una mente triste
oscurecida y débil,
sitiada por él mismo.
El miedo a tener miedo.
El miedo silencioso.
El miedo.
Es el miedo inclemente.
El temor que se mueve
en un hogar deshabitado,
paralizado y oscuro.
Y en un ser estancado.
Y acobardado por el miedo.
(2016)




