MANUAL PARA ARMAR UN SUEÑO

  • La suerte, no se sabe si es para quien la busca o para quien la encuentra.
  • La suerte, no se sabe si es para quien la encuentra o para quien la busca.
  • Para mí, desde luego, no.

Una persona, en la oscuridad de una mina, en las profundidades, busca la suerte con un cedazo. Pero la criba del tiempo, de la fortuna o de la fama solo suelta polvo, lo que en realidad todos somos o llegaremos a ser, y las espuertas que había que llenar se van quedando vacías, huecas, sin vida. Y muertas, acaban en el suelo, vueltas boca abajo, ya sin esperanza de que nada caiga en ellas. El tiempo transcurre lento y, casi sin entender bien lo que pasa, el espectador se va internando, también a ese ritmo, en una caverna alegórica.

Así comienza Manual para armar un sueño, la última obra del ya maduro (1978), grupo jerezano La Zaranda que, el pasado sábado 20 de abril, volvió a El Puerto de Santa María y su teatro municipal Pedro Muñoz Seca, representado por sus tres actores, Gaspar Campuzano, Enrique Bustos y Francisco Sánchez, con texto de Eusebio Calonge, y dirigidos por Paco de La Zaranda.

Una vez más, aparecen en escena los sueños frustrados, las derrotas. Aquí se hace de forma dolorosa, inteligente y sutil, llena de metáforas -yo diría que toda la obra es una gran metáfora- al referirse al teatro de la propia vida del hombre, pues no deja de ser una representación de ésta en sus variados aspectos. Pero esta manera de presentarlo, que podríamos denominar poética, todo el público la entiende, no tiene artificios.

En ese mundo oscuro, un actor vieja gloria olvidada, o nunca reconocida, quién sabe, se mira en el fondo de un espejo en el que aún habitan sus grandes personajes. Él ya ha envejecido entre camerinos sucios y polvorientos y sus pensamientos dan vueltas y más vueltas sobre su trabajo y el de todos los intérpretes en general. Una voz interior le aclama para que esos personajes, grandes personajes imaginados que han participado en nuestra historia, puedan resucitar, quizá otra vez con él. Pero está viejo y desilusionado, desengañado y envuelto en sombras.

Del otro lado surge otro actor joven, que espera el triunfo, un triunfo difícil que quizá precise encontrar o buscar la ansiada suerte. Y le pide ayuda al veterano para que le enseñe y ayude a triunfar. Y las últimas energías de éste aparecen para abrirle los ojos al novato. Este joven que busca la gloria baja a su encuentro para devolverle el triunfo que no tuvo en vida y quizá, aprender y compartirlo con él.

Ambos están perdidos y dando vueltas en el infierno de Dante. Y en el infierno solo pueden encontrar al diablo, que los viene observando desde el principio sin que nos demos cuenta. Este es un demonio algo cómico que enseguida los intentará encantar con tentaciones, seducirles con puertas abiertas, también giratorias, para traspasarlas y triunfar, pero todas ellas son engañosas, terrenales, mundanas y ruinosas. El joven siente por momentos la tentación de la vanidad, pero el viejo actor logra no sucumbir, ya viene de vuelta, y logrará encontrar la salida de ese laberinto, ayudado por sus viejos amigos los personajes, que no paran de deambular por su imaginación.

Al final, el demonio, un ángel caído en realidad, resulta ser un pobre diablo que un día se hundió en alguna de esas fascinaciones y quedó atrapado para siempre. Ellos no lo están, todavía pueden salvarse persiguiendo la locura, al ritmo de don Quijote.

Con su marcado acento bajo andaluz, este grupo veterano volvió a zarandear al público, esta vez con la imaginación, la loca de la casa o, en este caso, de las tablas, o quizá mejor dicho los tablones que simbolizan un escenario.

La sala rió con algunos de los diálogos y gestos que, sin duda, daban para ello, con la ironía franca e inteligente de los actores, pero los personajes que hacían reír no reían, pues sufrían en su infierno cada uno de ellos, en el del olvido o en el anonimato, el del éxito no reconocido o el del perseguido y no encontrado.

La cura contra el dolor por salir del círculo dantesco en que se les atrae con cantos de sirena de burócratas, banqueros y políticos, tratado con una ironía inteligente y al alcance de todos solo puede ser la literatura y, más concretamente el teatro, lo que se conoce, lo que se es y se ama. Se trata de superar la muerte física y real y también la de la fama no lograda, que es otro tipo de muerte, la del olvido.

La cosa va de actores, de teatro, de sueños, de imaginación, de olvidos, de pérdidas, de ilusiones, de tristezas, de desengaños y de desencantos, de esperanzas y desesperanzas, de derrotas. Pero también es una gran alabanza, un canto al entusiasmo y el optimismo. Y al poder de cada uno.

Sí, Manual para armar un sueño es todo un homenaje al teatro por quienes conocen el teatro desde dentro, con sus luces y sus sombras. También a los actores que lo personifican, y a los personajes atormentados (Segismundo, don Juan Tenorio, Max Estrella, Bernarda Alba) y, cómo no, a sus autores (Calderón, Zorrilla, Valle Inclán, Lorca)

Y a Cervantes, pues al final, como la pareja de don Quijote y Sancho salen a galopar por la vida, que está fuera, con un banco convertido en Clavileño, el caballo de madera cervantino, y un cedazo que se convierte en escudo y en luz -sol o luna, o farol, lo mismo da-, que también está fuera. Y ambos van en busca de su ilusión, más locos aún que los personajes cervantinos, en una escena muy quijotesca, dispuestos a armar su sueño. Porque de vuelta de la muerte ya todo es posible.

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4 respuestas a MANUAL PARA ARMAR UN SUEÑO

  1. Rafael Rodríguez García dijo:

    Que gran disertación, y que análisis más bonito de la obra y de la realidad sobre la que se construye, que no deja de ser otra, por lo que he podido entrever, que el puente entre el teatro y la vida. Una pena no haber podido disfrutar de esta obra en primera persona, pero un gusto haber podido leer estas líneas. Y es que como decía Peter Brook, el teatro es un microscopio para observar la vida, y cuando este es necesario, no hay nada más necesario.

    Gracias.

    • Mercedes_GP dijo:

      Muchas gracias, Rafa, por este buen y sentido comentario, que me ha gustado mucho. Ya se te nota que manejas algo el microscopio. Espero que puedas ir armando tu sueño con la claridad de uno de los protagonistas de la obra y que poco a poco los realices. Y te animo a que comentes más, veo que tienes cosas que decir. Un beso grande.

  2. Isabel Pérez Sánchez dijo:

    Estoy muy de acuerdo, Rafa, con tu comentario sobre este magnífico texto escrito por Mercedes y me ha gustado mucho esa reflexión tuya sobre el teatro y la vida, y la excelente cita. Entro en Palabreando y no dejo de aprender y disfrutar leyendo. Muchas gracias y abrazos para los dos.

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