LA ÚLTIMA TARDE

Niebla en la mar. Estrecho de Gibraltar. Foto: Europa sur.


Manolito, Manolo
In Memoriam
(Una tarde de mayo, 2024)

No se entiende bien
este desatino de la vida,
que te deja abandonado
a las puertas de la esperanza.

No se entiende, o sí,
pues quizá, fuera el mar
tu destino previsto.

Un mar opuesto al tuyo,
al otro lado de tu geografía.
Un mar que dicen tranquilo,
un gran mar conocido,
el gran mar transitado
por todas las culturas,
por todos los saberes,
por todos los dioses
y por los hombres todos.

Ese mismo mar del Olimpo
y la mitología, te abrazó
sin avisar, sin confianza,
como antes abrazaba
a héroes legendarios.

Sí, quizá tu destino era el mar.
No te dejó marchar
la mar incestuosa.
La mar, la misma mar
de tus juegos infantiles,
y tu supervivencia,
diario territorio sin amenazas.
Eso creías. Quizá fuera otra.

Pero no, era también
la misma mar de tu trabajo
y tu lucha diaria, cotidiana,
tal vez tu confidente, quién sabe.
Y no ha querido dejarte
en tierra y añorante.
No dejó que tus ojos
cargaran otras vistas.

Sólo ella, la mar
como última mirada,
a plena luz del día,
dueña y señora de la tarde,
de tu última tarde
te abrazó para siempre.
Y, atrapado en sus brazos
te ha privado del aire
y de la tierra,
elementos extraños.

Sólo el agua y la sal
te tenía destinados.
Sólo para ella fuiste el elegido.
Atrapado en sus aguas
para jamás y siempre.
y vuelto a la tierra
como última prebenda.
Postrero recuerdo
de tu alforja vacía.

Parece sí, que tu destino
era el mar, ese mar, esa mar,
inmensa, grande, generosa.
También amiga, sí.
Posesiva también, y traicionera,
embaucadora siempre
de las almas libres
y los corazones frágiles.

El enredo de Ulises,
el juego de los dioses.
La cuna de los hombres
con destino y sin suerte.
Y las aguas azules
de tu apocalipsis.
Héroe de barro.
Hombre solo.

Niebla en la playa de Gijón. Foto: Asturias por descubrir.

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