
Murallas de Ávila
Noche de cencellada,
fría la mañana,
Ávila se despierta
cristiana y blanca.
Cubren sus limpias cuestas
hielo y escarcha,
no dio tiempo a la lluvia
de derretir la helada.
Sus murallas encierran
cristales de nevada,
y crujen en las calles
espejos de rociada.
Ávila se despierta
entre aterida y santa.
Mística y soñolienta,
serena y apocada.
Las cruces están frías,
los conventos cerrados,
con claustros ateridos
de naves enclaustradas
vacías y protegidas,
recogidas y santas.
La ciudad fortaleza
despierta a la alborada.
Sacude sus murallas,
las torres se levantan.
Las campanas agitan
el frío de madrugada.
Es invierno, es enero,
y esta cuidad elevada,
sin miedo a las alturas,
se despereza y canta.

Basílica de San Vicente. Ávila.

Restos de la helada. Imágenes: MGP




