Este mes de diciembre parece decirle adiós al otoño que se va. Las mañanas se van haciendo más luminosas, el frío parece intensificarse y las tardes se agotan prematuramente dando paso a noches claras limpias. El invierno se acerca y la luz comenzará a crecer en pocas semanas. Pero todavía, en estos primeros días de diciembre, aunque el otoño vaya perdiendo su nombre propio, sigue dejando una estela de luces que nos recuerda que aún está presente: luces doradas, algo tenues, que suavizan la nostalgia de la despedida, con su carácter más propio.
LUCES DE OTOÑO
Esas luces cobrizas que pintan el otoño, que calientan discretas y que la tarde adornan. Esas luces cobrizas de reflejos dorados, que pasan como un velo, que los recuerdos tapa y la nostalgia envuelve, para que no se enfríen, para que no se vaya. Y que cubre los sueños para que no se hielen, para que no se pierdan en la noche de plata. Esas cálidas luces que suavizan el frío y la humedad empapan. Esas doradas luces que arropan la memoria. Esas templadas luces del color del consuelo. Cuando llega la tarde, cuando el otoño viene, llaman a nuestra puerta ofreciendo quimeras. Esas luces cobrizas generosas y cómplices, delicadas y amables, son nuestras confidentes, guardan nuestros secretos. Son ya luces amigas. (Noviembre, 2013)






