Atravesando mares perdidos y helados. (Blogodisea)
Canta la soledad
desde dentro,
como una sirena
olvidada y perdida
en no sé qué isla
desierta de mi sangre.
Canta la soledad,
con voz tremenda,
desde un lugar tan hondo
que no conozco.
Que está dentro de mí
y no llego a encontrar,
de tan lejano...
de tan amarrado
a otro tiempo,
no sé si leve,
no sé si ya perdido.
Desde un lugar,
tan adentro,
que no distingo a saber
de dónde viene.
Que no acierto a encontrar,
para echarla sin miramiento
de mi casa.
Tan adentro resuena,
esa voz,
tan adentro,
que debe de ser mía.
Sí, ha de ser mía.
(Febrero, 1997)