Álamos como postes,
como mástiles
de barcos encallados,
eternamente, ya
naves ancladas
de por vida
a una tierra inhóspita.
Álamos desnudos,
de troncos cenicientos,
rugosos y curtidos,
pardos, grises y negros.
Como palos erguidos
que no tuvieran vida,
como viejos y muertos.
Mástiles, sí, ordenados
en recta disciplina,
en hilada perfecta,
correcta su parada
en el desfile.
Aguantando serenos
del año, la intemperie.
Mástiles sí, de un barco
encallado en la tierra.
Tensados como cuerdas
de un arpa sin orquesta
y de un tiempo sin horas.
Horizonte infinito
camuflado por álamos.
Árboles anunciantes,
pregoneros del agua,
en esta tierra agreste
que cruzamos.
Extremadura, ancha,
Extremadura fría, gris.
Atardecer e invierno.
(los Ibores, Extremadura, 2012-2014