SOBRE LA PELÍCULA O CORNO

“O corno” es una película impactante. Desnuda y valiente, sufrida, como sus protagonistas.
El argumento es sencillo y trata de la vida de una pequeña población en la Galicia rural y atrasada de comienzos de los años 70 del siglo pasado. Concretamente la narración se produce en A Illa de Arousa (en la bellísima Ría de Arousa) en el año 1971. Dictadura en España y dictadura también en la cercana y fronteriza Portugal. Tiempos duros para todos, pero especialmente difícil para las mujeres, sobre todo para estas mujeres recluidas, encerradas, en el territorio y también, por qué no decirlo, en el tiempo.
Allí, la vida transcurre en buena vecindad, podemos decir que de forma dura pero alegre. Y es donde en algún momento, según se deja traslucir en la obra, llegó María, la protagonista de la película, magistralmente interpretada por Janet Novás en su debut cinematográfico. Esta nos seduce desde el principio con sus gestos, sus miradas, su rostro plácido y de vuelta de la vida, en una actuación bellísima. Y, sobre todo en los primeros planos, los más cortos, nos transmite toda su personalidad. Todo un acierto de su directora Jaione Camborda.

María, como las otras mujeres de la isla, trabaja como mariscadora y en las labores del campo, pero también las ayuda en los partos y las acompaña en la primera crianza de sus hijos con especial cuidado y cariño, con ternura, solidaridad y experiencia vital. En un momento del filme, descubriremos que también asiste a aquellas otras que no quieren tener a sus hijos. María es casi una “maga”, “meiga”, mujer sanadora y es respetada y querida en la comunidad.
La película comienza con una escena cruda, un parto, que es prácticamente presentado en su totalidad. La protagonista ayuda a Carmen a parir su cuarto hijo, con dolor, como nace la vida, con dolor, con sufrimiento, con llanto, con estremecimiento, pero aportándole fuerza y calor, todo de lo que es capaz. Las dos mujeres, parturienta y partera se complementan de tal modo que la respiración, el sudor, las escasas palabras y gemidos van armonizados.

Una primera escena ya sobrecogedora, con unos primeros planos de impresión, que se irán repitiendo en distintos momentos del filme. Y en la que ya las mujeres aparecen como las únicas y verdaderas protagonistas de todo él. Ellas son las señoras de la tierra, con rastrillos, azadas o con sus propias manos, arrancan el marisco (las almejas) del fango y las patatas de los terrones.
Pero estas mismas mujeres, en algún momento de sus vidas, son también las que quieren ser dueñas de su propio cuerpo y no tener hijos, de alguna forma aquí hay una reivindicación. Y María, también las auxilia en este trance, ya lo ha hecho en ocasiones. Y casi por pura compasión se ve en la situación de ayudar abortar a una joven adolescente, Luisa, precisamente la hija mayor de Carmen, a quien ayudó a parir.

Ella misma tiene una cicatriz en el vientre, como un recuerdo de un pasado que no se muestra. Porque también fue adolescente y, como Luisa, también abortó. María debió quedar seguramente magullada, con heridas profundas y eternas, pero viva. Luisa, en cambio, muere en el camino, en la alegre y larga noche de san Juan. Aparece la fatalidad.

Alertada por otras mujeres, la tragedia la obliga a huir en un camino desesperado y ya sin retorno.
Ayudada por los vecinos tiene que cruzar el río, la ruta del contrabando entre Galicia y Portugal, un río fronterizo que trae y lleva productos y personas amparados en la oscuridad de la noche y, a veces, también, ante la presencia impasible y tranquila de algunos carabineros, guardias civiles de la frontera que hacen su trabajo maquinalmente, pero siempre con miedo.

Ya en Portugal, María seguirá contando con la solidaridad de otras mujeres, algunas emigrantes gallegas, otras de más lejos. Son ellas siempre las que se dan ánimo, ayuda, esperanza, futuro.
Se trata “O corno” de una película esencialmente gallega, también femenina y feminista, y nos enseña el rostro del matriarcado secular de esta tierra. Porque son las hembras las que dominan la tierra, y entierran en ella sus manos para alimentarse. El hombre lo hace en la mar, con las bateas mejilloneras o con barcas de contrabando.
Es este un filme de supervivencia, puramente terrenal, en él no hay sitio ni tiempo para soñar o para aislarse de la realidad. Es directo, sin adornos, desde el principio hasta el final.
El protagonismo es fundamentalmente de la mujer y también de su cuerpo: el deseo, el sexo, bien en la curiosidad de la adolescencia, bien en la necesidad de una madurez solitaria. Y también sus consecuencias. También, la maternidad, el trabajo, la soledad. El cuerpo en toda su crudeza sin simbolismos ni dulcificación.
Porque son las mujeres las que sacan los productos de la tierra que deja libre el mar, son también las que paren con dolor, y las que mueren para no parir. Y son las que se ayudan entre ellas. Ellas mantienen el ciclo de la vida.
El otro protagonismo de “O corno” es, lo que llamamos sororidad, a mí me gusta más llamarlo fraternidad femenina, hermandad entre las mujeres, solidaridad.
Al otro lado de la frontera, María descubrirá que ella también está embarazada, consecuencia de aquella fiesta de San Juan, la de la magia, la de la noche más corta, en la que surgió la realidad de una muerte y una vida.

En un primer momento, María, busca el cornezuelo del centeno (O corno), un hongo tóxico con efectos alucinógenos que ha sido utilizado, entre otras cosas, en la inducción de abortos y en la detención de hemorragias uterinas en muchas culturas y desde antiguo. Se da con frecuencia en comarcas lluviosas de la Península, sobre todo en Galicia y norte de Portugal. Es quien da nombre al filme. Aunque esta palabra puede tener otros significados, entre otros, el de llamada (caracola, bocina)
Finalmente, María parirá a su hijo y, la película, cierra el ciclo de la vida tal y como empezó, con otro parto, en este caso el de la protagonista, ayudada con el mismo amor por otra mujer, de nuevo una hermana.

La película se convierte casi en una fábula, y como toda fábula, lleva implícita su correspondiente moraleja. Ante un comienzo relajado en un ambiente en cierto modo apacible, va cambiando de tono por la tragedia y desesperación de la protagonista e incluso se oscurece al traspasar la frontera. Pero la solidaridad abre una nueva luz y una nueva vida. La vida y la muerte están presentes en todo momento, porque así es la vida misma con sombras y luces, con mucho que dar y, también, con mucho aún por lo que luchar.






Gracias, Mercedes, por acercarnos esta película. Tus comentarios han sido estupendos y certeros. Como vas explicando el desarrollo del argumento y, como dices, esta cinta es muy valiente, ese tratamiento tan directo de la sororidad o fraternidad femenina. Esas vidas de mujeres, el trabajo, la muerte, el placer , el dolor… muchos temas importantes. Me ha gustado mucho tu manera de decir, tu delicadeza, tus reflexiones y me han entrado muchas ganas de verla. Sabías que me gustaría y seguro que va a gustarme. Un abrazo, amiga.
Gracias, querida Isabel. Sí, sabía que te gustaría. Así que ya sabes, busca la oportunidad de verla. Y te agradezco tus comentarios tan positivos. Sabes que estos temas, y en otros, tu opinión es valiosa para mí. Un beso.