
Con los ojos vendados. Catedral de Estrasburgo
El tiempo y el peso de la vida, se han ido llevando la luz de tus ojos. Y llegó una mañana en que no amaneció y todo estaba oscuro. Hoy, la edad y el dolor de los años ya vividos, se han llevado de repente tu preciosa vista. Ha cambiado el mundo entero, y se ha hecho de noche. La mirada de mi madre ha perdido su brillo. Y una parte de mi vida, de todas nuestras vidas, se ha quedado ya en él. (Enero, 2000)






Gracias, Mercedes, por tus palabras que me trasmiten tanto y me hacen sentir emociones muy profundas. Gracias, amiga.
Gracias a ti. Me alegra llegar. Un beso.
La mirada de una madre es oro. Un besazo, amiga. Aunque la mirada del corazón nunca se pierde
Cierto. Un beso, Olga.