
«Sol en una habitación vacía», Edward Hopper, 1963, Colección privada
El balancín quedó quieto
bajo la ventana a medio abrir.
Los peluches ordenados,
el triciclo en un rincón,
los juguetes,
encerrados en la caja
que no volverá a destaparse.
Y la mesa despejada,
la cama hecha
la luz apagada,
el cuarto en penumbra,
la puerta cerrada.
Rondando,
el silencio y la nada.
La nada.
Nada queda, parece.
Sin embrago, está el abrazo
pequeño, inabarcable
pero inmenso,
apretado y fuerte,
fuerte y sin fuerza.
Está, está el abrazo.
Que sigue agarrado,
como el olor, como la risa,
en el gran y vacío,
ya para siempre,
pecho de la madre.

«El balancín», Francisco de Goya, 1791-92, Philadelphia Museum of Art, Filadelfia, Estados Unidos




