ÁVILA MIRA DESDE ARRIBA

Ávila y murallas
Ávila tras sus murallas. Y la torre de la catedral.JMV.
 
Ávila mira desde arriba,
desde su atalaya
de capital y cima,
desde más de mil metros
de calor y de frío,
de vientos vespertinos.

Ávila toca el cielo
desde sus espadañas,
que clava como lanzas
en el aire celeste
o en las nubes opacas,
atmósfera sagrada.

Ávila se recrea
en su prisión divina.
Encerrada novicia,
contemplativa eterna,
se asoma a lo mundano
desde sus torreones.

Ávila sube erguida
sobre el vecino páramo,
mira Gredos de lejos
y se siente a su altura.
Morada de grandeza,
la pueblan santos sabios.

Más allá de sus torres,
más allá de sus muros,
bajo el tenaz repique
de todas sus campanas,
transita lo frecuente,
lo natural discurre.

Ávila, también anda,
pasea junto al Adaja,
se pierde entre sus calles.
Cruza plazas benditas,
abre puertas profanas
y visita conventos
que cargan con su historia.

Se cuida de ella misma,
su altivez venerable,
su vanidad impuesta,
su presencia obligada,
trabajosa y extrema.

Conversa humanamente,
aliviada y serena,
y en una noche oscura
encuentra su camino.
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