Atardecer y otoño en la Bahía de Cádiz
Las nubes, en hilachas,
parecen desprenderse
de este lienzo del cielo.
Se han puesto rojas,
del color de la hora,
de la tarde y del otoño.
Y finas, como hilvanes,
intentan atrapar,
quieren dejar quedarse,
al día que se acaba.
Coserlo en el paisaje.
Algo detrás de ellas,
la capa anaranjada
de este instante remiso
se va oscureciendo.
Y se deshace
en flecos estrechos,
rasgados y oscuros.
Como tímidamente
la noche va llegando.
No se deja sentir.
Va cayendo despacio.
Destacan las siluetas
de la ciudad al fondo.
Y sus luces empiezan
a despertar la sombra.
Sale de la penumbra
su impar arquitectura.
El mar sigue tranquilo,
de momento.
Y el color azul Prusia
domina por sí solo.
La tarde se resbala
de esta parte del mundo.
Va entoldando el paisaje
esta luz portentosa,
esta bruma pintada
que rueda, espesa y lenta,
hasta dar con el agua.
Está distinta hoy
la hora, como siempre,
Como siempre,
está hermosa.
Como siempre, también,
se produce el misterio.
Nunca se sabe.
Mañana nos traerá
sorpresas nuevas.
(Noviembre, 2012)