Inquieta y sobrecoge
esta tierra tan dura,
indómita y cerrada.
Vigilada a lo lejos
por la piedra triunfante.
Barro y blandas arcillas
rojas, ocres y pardas,
tierra, casa y puchero,
de sus gentes severas
son su suelo y su casa.
Vista sin horizonte
custodiada, a lo lejos
por la inmensa blancura,
fuente y germen del agua.
¡Soberbia perspectiva!
Mientras tanto, de cerca
el desierto es quien manda
en los hombres austeros,
espejo del paisaje,
y en la marga callada.
La pueblan gente fuerte,
habitantes del vientre
de la roca labrada.
Morada humilde y llena,
digna, austera, templada.
Fuera, sobre las vidas,
el paisaje bermejo
atempera el invierno,
rojo como la tarde,
en la luz de los cerros.
La última claridad
camuflada de fuego
entibia los portales,
pulcros, de las cavernas,
blancos, de los hogares.
E ilumina los rostros
que buscan calentarse,
al sol, de las mujeres.
Orgullosas y blandas
madres hospitalarias.
(2014)