
A pesar de tanta muerte y de tanta tragedia tanto deshonor, llega la primavera, y la vida sigue creciendo en las cunetas. Ya se van llenando las cunetas de amapolas, ofrenda a los muertos que no son de nadie y a los vivos también, que aún los añoran. A los muertos olvidados, a los vivos que no olvidan. Ya se van llenando las cunetas de amapolas, tiñen de rojo y vida los caminos andados y los que aún nos quedan por delante, y tanto queda por andar. Ya se van llenando las cunetas de amapolas como un grito, un clamor a la conciencia. Y sigue la vida avanzando como puede a veces en los huecos fuera del camino. Pero sigue. La primavera llega a todas partes. Y también florece en las cunetas. (2018)






También hay que dedicarle un momento poético a esos lados de la carretera, generalmente olvidados y marginados de nuestro campo de visión. Florecen, sí, y sale, sí, de su tierra, la vida sin restricciones, sin macetas quita-espacios, para alegrar los viajes y a los viajeros que transitan a velocidad. Besos.
Supongo y creo que te habrás dado cuenta, Olga, de que estas palabras llevaban un sentido diferente. De cualquier forma, es otro punto de vista a tener en cuenta. Gracias, como siempre, por estar atenta y por el comentario. Un beso.
👍👍 sí, no olvidamos los que se quedaron en ellas
En el viaje no nos fijamos, por eso digo lo de espacios sin restricciones,….vive la eternidad