
Hoy el sol, como otros días,
no ha logrado posarse en el mar,
se ha desdibujado entre vapores
poniéndose y bajando sin ser visto
desde aquí donde estamos.
contemplando el ocaso.
No ha bajado a las aguas
infinitas, y hondas, y grises,
comprimiendo su disco
achatando su fuego
hasta el último rayo de la tarde,
como esperábamos.
Se ha enfriado y perdido
como disuelto y tímido,
sin llegar al confín del mundo
que observamos.
Y ha marcado una frontera
entre líneas oscuras.
Un telón de bruma pesada y espesa
ha puesto a esta hora final al horizonte.
Y el sol, como cohibido
se ha marchado con ellas
envuelto y protegido,
también desfigurado.
Mientras tanto, al levante,
en la parte contraria,
entre arenas y dunas,
que se van enfriando,
una luna redonda,
coquetona y rosada
ha levantado el vuelo.
Ascendente al amarillo
colosal, fuerte, joven
se ha logrado imponer
a la tarde fugitiva.
Hasta achicarse alta
brillante y plateada,
para alumbrar a la noche
algo más tarde.
El oriente ha guiado
su luz, como siempre,
emergiendo de las tinieblas
también en la noche.
(2018, 2025)

Ocaso entre nubes oscuras y Luna rosa. National Geographic




