VINO FINO

Con la primavera la Naturaleza parece despertar, el manto vegetal se renueva y los árboles comienzan a florecer para dar sus frutos pasados unos meses. En el interior de las bodegas de esta zona, se produce también el fortalecimiento, el rebrote de una flor especial, la denominada “flor del vino” o también “velo de flor”. Dicen los entendidos que en realidad se trata de una levadura que crece hasta formar un manto sobre el vino en el interior de las botas y que se encarga de aportarle los nutrientes para su esmerada crianza. Su renacimiento y mayor desarrollo en primavera le ofrecen este característico y hermoso nombre. Como en tantos ámbitos, también en éste despierta y cobra vida aquello que el invierno apagó y dejó dormido. Unas condiciones ambientales muy particulares y la sabiduría y cuidadoso trabajo del hombre ayudarán también a hacer posible un producto singular y único, el Vino Fino, característico de la tierra que piso. Y la mejor manera de rendirle homenaje es, sin duda, en un catavino, dejándolo pasar desde el velo de flor hasta el velo del paladar.

En la quietud serena de encanecidas botas
mecido por la brisa del aire marinero,
el vino crece, y logra sobresalientes notas
y queda convertido en Fino caballero.

Y en la alianza ancha del vientre de la copa
se casa con la luz, y se vuelve de oro,
y el aroma ascendente del líquido tesoro,
alcanza su sentido al llegar a la boca.

Lo fecunda una tierra más blanca que la espuma,
lo crían en un vientre oscuro y placentero,
y acunan nanas de hombres tan sabios como fuertes.

Lo miman y consienten con calor, con ternura,
hasta que se convierte en Fino caballero
y logra ser perfecto cuando alcanza la muerte.

(2012)

Interiores de bodegas de crianza

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