VEINTE AÑOS

«La tormenta» de Pierre Auguste Cot, 1880


¿Te acuerdas, quizá,
cuando tenías veinte años?
Cuando los dos teníamos
veinte años, ¿puedes acordarte
o ya no estabas?
Sí, los dos los tuvimos
cada uno a su tiempo.
Y te tienes que acordar,
pues nunca envejeciste.
Pero, ahora que lo pienso,
no puedes acordarte.
Se perdió tu memoria
apenas alcanzados y
marchó con tus pasos
al limbo del olvido.

En cambio, yo, me acuerdo,
que llegaron después
de que te fueras y, también
que pasaron volando.
Y a veces eran largos
porque tú no llegabas.
Y porque ya no estabas
se iban haciendo eternos.

Ya no aguantaron más
los días que siguieron,
pero seguiste aún
tendiéndonos la mano.
¿Cómo fueron los días
hasta que te marchaste?
Parecía que el sol
no se pusiera nunca,
cuando íbamos a su busca
todo era misterioso.
Y la palabra miedo
nunca existió hasta entonces.

Hasta que aquella noche,
que tocaba a su fin,
se rompió aquel misterio
y apareció el temor
en el vocabulario
de nuestros sentimientos.
Y te quedaste para siempre
con tus veinte años
mientras todos corríamos
a tu encuentro futuro,
envejeciendo al paso
de nuestras vidas torpes
y recurriendo a ti
de vez en cuando.

(2015)

«Despedida», Edvard Munch, 1896

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