
Entre aguas despeinadas
se levanta húmedo, azul, el cielo.
Mientras, las piedras saltan
grises, verdosas,
oliváceas y pardas
como animales fósiles
del tiempo, que regresan.
Horizontes violetas,
morados y dormidos.
Y ese polvo dorado
que se destapa y surge
rozado por las algas
de tanta vida dentro.
La luz que se levanta,
la marea que regresa,
y el paisaje que flota
y emana inexplorado
y salpica el momento,
triunfante y despejado.
Sin vacilaciones.
El cómplice ojo acude
siempre fiel a la cita,
certero y elegante,
enmarcando la vida
contra luces rimadas.
Y el certero disparo
para el tiempo.
Pero sigue la luz
y sigue la marea
su ritmo de abanico.
Naturalmente.
(2019)

Imagen: Pisebay, Traveler y El Mundo

Playa de Galicia con «Mar de ardora», algas luminiscentes




