
Ya en la tarde
no quedaba nada.
Sólo, vacías y mudas,
tu sombra y la mía
oscuras y alargadas.
Recuerdo o testigo
de un tiempo que pasó
que existió quizás,
que nos imaginamos.
Y que translúcidas ya,
solas y marchitas,
se prolongaban veloces
hacia el ocaso.





