PRESO EN UNA BOTELLA

Dentro de una botella
cabe un mensaje, un deseo,
una leyenda, y el mar.
Y el reflejo del mundo.

Dentro de una botella
cabe una carta de amor,
un recuerdo, un olvido,
y hasta un secreto inconfesable.

Y cabe una declaración,
de amor o de intenciones.
Cabe una pequeña mentira
y también una gran verdad.

Una necesidad, una traición,
una impotencia. Cabe un sueño.
Cabe también una decepción,
un desengaño, un misterio.

Y también cabe 
una celebración, un brindis
una fiesta, o solo agua.
Y hasta una medicina.

O solamente aire,
de cualquier sitio.
Cabe igualmente un veneno.
Y también cabe un pez de colores.

Y cabe la desgracia.
Y cabe oro, un tesoro.
Y cabe una fortuna,
Bajo mil formas y estados.

Cabe una nube de aliento,
El vaho, un soplo cálido.
Y caben las lágrimas.
Y hasta olvido.

También cabe, sí, 
un paisaje de arena,
mil rayas de colores,
un insecto, o algunas conchas.

Y un recuerdo confuso,
un arrepentimiento,
un mundo imaginado,
quizá una promesa.

Y un navío de cristal,
un velero en seco,
un barco fantasma,
o una nave pirata.

Y una reconciliación
y un bautismo,
y un reencuentro
en cualquier orilla.

Cabe, al mismo tiempo,
un incierto futuro,
un presente agotado,
un mañana vacío.

Y cabe una ilusión,
y también un imposible
lanzado al mundo,
una llamada de socorro.

Y una petición al horizonte,
a nadie en particular,
a ninguno, o a todos.
E incluso cabe la nada.


Y un aviso, un recado,
un anuncio a un ser
quizá lejano, o inexistente.
Una esperanza.

La ilusionada salvación
de un náufrago, 
y un grito de auxilio.
Un imposible.

Y cabe una vida, 
y caben muchas vidas
en una botella.
Y vidas a medias 
también caben.

Y cabe la desgracia
Y una generación
marcada para siempre.
Y el dolor. Y las lágrimas.
Y un gran agujero.

Cabe el futuro todo
en una botella.
Y cabe el alma.
Y hasta la libertad 
cuando la abrimos.

Cabe también la perdición,
la desconfianza, la desesperación,
la soledad, la cautividad,
y la esclavitud, 
que viene a ser lo mismo.

Pueden caber también
los fantasmas propios
y los duendes ajenos.
La muerte y la ruina.
si no la controlamos.
Si la abrimos en falso.

Y podemos acabar presos,
cautivos de delirio,
frágiles prisioneros
del cruel aburrimiento
dentro de una botella.
Solitarios.

Dentro de una botella,
cuando la abrimos,
puede estar el universo, 
el cosmos, la alegría
el germen de la tierra.

Una botella puede llevar
cargada la complicidad,
el placer, la riqueza
cuando la llenamos
para compartirla.

Y también, ya se sabe,
presa de una botella
puede quedar también 
prendida para siempre,
y encerrada, la suerte.
Y toda la soledad inabarcable.
Y la vida y el destino
y nuestro mundo entero
si no encontramos,
si no sabemos,
la forma de vaciarla.

(2012-2013)

«LA absenta», E. Dégas, 1876, Museo d’Orsay, París (Francia)

«Bebebora de absenta», Pablo Picasso, Museo Picasso, Málaga (España)

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