LA SONRISA DE DANIEL

El profeta Daniel. Pórtico de la Gloria. Catedral de Santiago (A Coruña)

Desde hace más de diez años, doce para ser exactos, tenía esta entrada aplazada, y también presente.

No era más que una ilusión cumplida, y también una emoción pendiente, como así fue.

Aunque tarde, gracias, José Ramón y mil gracias, María.


Hoy he podido mirar a Daniel a los ojos.
Primero, me ojeó con ironía,
luego, con mirada risueña, me ha hablado
de cosas sabidas, y antiguas,
de anhelos ya perdidos,
de ilusiones, sin camino de vuelta,
sin regreso.
De personas ausentes,
de aspiraciones y viejos saberes.
De deseos en la piedra viva,
de lugares, de tiempo, y de amor.
Años, siglos de ver pasar almas que buscan,
aunque siempre joven,
lo han hecho sabio ya, desde su altura.

Sí, hoy he podido mirar a Daniel a los ojos
y, con mirada risueña y rostro humano
hemos llorado juntos, he llorado con él.
Tenía su imagen de piedra jovial y alegre,
aparentemente inalterable, como siempre.
Pero me ha hablado, lo he oído de cerca.
Me ha hablado, sí
de esperanzas, de espejismos,
Me ha hablado, también,
de cosas perdidas en el tiempo,
que es el lugar donde
ya no se pueden encontrar.

Tantas veces lo había buscado desde abajo,
pero no lo veía,
tentaba su atención frente a mí,
a su altura lejana.
No era a mí a quien miraba.
Hoy, en cambio, lo tengo de frente.
Me crucé con su vista, a su altura,
y he podido mirarlo a los ojos
y lo encontré cercano.
Su sonrisa de piedra era para mí.
Y, me conmovió tanto,
que me hizo llorar de emoción y alegría.
Porque hoy, era a mí, agradecida,
a quien la piedra sonreía.

(2012-2024)

Detalle del Pórtico de la Gloria con el profeta Daniel

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