LA MÚSICA


Llora la música
sus notas mojadas
que llenan y empapan,
que conmueven.

Suena la música
plácidamente, a veces,
casi silenciosa,
resbalando mejillas abajo,
como quien riega
un paisaje conocido.
Sutil, placentera,
cargando sensaciones.

Pero también,
sube como un destello,
como un tormentoso torbellino
rebosando pasión.
Como cascada.
Rabiosa melodía.
Y la música canta.

A veces nos parece
que va llorando siempre
con sus notas oscuras,
y sus señales negras
en las líneas tan rectas
del ordenado, exacto
y lineal pentagrama.

Hay otras que se salen
a los márgenes blancos
del papel, y del aire.
Y se vuelven de luz,
de agua, de viento,
de cuerda y de canciones,
de sonidos sutiles,
vibrantes o afligidos
cuando tocan el cielo
y también a nosotros.

Cuando llegan al alma
que callada las oye,
y cuando forman parte
del aliento y el tono,
ese que tomamos
para emocionarnos.
O llenar nuestras vidas,
que viene a ser lo mismo.

Llora la música, canta,
vibra, susurra y suena
y llena nuestros tiempos
con sus tonos
más o menos graves,
más o menos claros,
más o menos intensos,
más o menos tibios,
más o menos vivos.

Con sus notas y sus tonos
coloridos y sonoros.
Y nos adormece.
Y nos alegra.
Y nos acompaña.

(2017-2024)

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