FORMAS DE ANDAR

Los pares de zapatos, 1886. Van Gogh

El aburrimiento y desánimo,
la nostalgia, la tristeza,
y también la resignación
van siempre en zapatillas.
Se deslizan por la casa solitaria
y suenan como arena que se arrastra.
Lo vuelven todo gris, y tiñen
y ensucian, hasta la luz del sol
que entra por la ventana,
pues la cubre de polvo
y pelusas oscuras,
que tiemblan un momento,
paradas en la ausencia.
Y se precipitan lentas
al suelo que las carga,
para ser recogidas
por las tristes y anchas,
y pardas, zapatillas.

La ilusión, por su parte
siempre estrena zapatos
brillantes y lustrosos.
Incluso a veces pueden
ser nuevos a diario,
y que parecen cómodos,
al menos cuando avanzan
en los primeros pasos.
Andando al aire libre,
pues siempre mira al cielo
desde un brillo elevado.
Zapatos de promesa.

La arrogancia se pone botas altas,
a veces un botín con plataforma,
depende de la estatura del soberbio,
porque siempre pretende
mirar desde la altura,
lo que a veces le impide
que pueda ver sus pies
y comprobar si llegan al suelo,
a la tierra, o solo está flotando
en movedizo asiento.
Pisan con inmodestia.

El poder y la fuerza,
la opresión desmedida,
calzan botas pesadas
que oprimen cuanto pueden,
que aplastan al humilde.
Zapatos inclementes
embetunados siempre,
recogen, en sus suelas,
duras como el acero,
viles como el abuso,
toda la ignominia,
y la basura toda,
pegadas en el suelo
desde generaciones.
Un calzado indecente.

La honradez, esa virtud,
aunque sin esperanza,
la pobreza calva, y sin futuro,
el trabajo que marchita,
por dignificado que esté,
anda arrastrando los pies
con zapatos gastados y viejos
constantemente limpios.
Va andando como puede,
a paso lento, pero cumplidor
y mirando de frente casi siempre.
La estrechez del honesto.

El hombre triste en cambio
no ve el polvo en el aire,
siempre mira hacia abajo,
y solo contempla el mundo
sobre sus alpargatas.
El aburrimiento y la tristeza
siempre son pobres,
no tienen orgullo,
y se deslizan lentos
rondándose a sí mismos.
Se quedan encerrados.
No pueden aspirar
a tener zapatos nuevos
para salir de casa.
Y no ven lo de fuera.
No salen en babuchas.

El abandono y la soledad,
como la triste vejez,
caminan en pantuflas.
Aunque, a veces,
se suben también
a tacones altos
sobre medias de seda.
Pero caminan solos.

Le modéle rouge, 1935 Magritte

Hormas de calzado

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