EN CAMINO (Años atrás)

Parque Natural de Sierra Nevada. Granada

El bosque aparece como espeso, enmarañado. Lo habitan, adormilados y tristes álamos solitarios, acebuches mutilados y quizá ya muy cansados, olmos apenas vestidos de ralos amarillos, que cubren su frío con un manto de flecos, y su arrugado tronco. Olivos de ramas cortadas, amputados, quizá, por la vejez y el frío, o por ambos, con postes como muñones siniestros y finitos, pero arrancando vida al suelo, sobreviviendo sobre leños casi marchitos, anchos y gruesos, casi petrificados por los largos inviernos y los muchos días. Olivos de hojas débiles y grises, de frutos recién vareados, de poco zumo, casi secos.

Y una alfombra espesa de hojas muertas: del amarillo al oro, del oro al castaño, envueltos por el reflejo y la constancia del último otoño, como un zaguán aletargado y entumecido que abre la puerta al invierno y al frío. Y, majestuoso y helado, imponiéndose, el monte siempre delante, la nieve siempre presente, cubriendo de su eterno frío el paisaje y las nubes, en constantes y curiosos viajes de subida y bajada. Ahora lo veo, ahora no, ahora se va, ahora aparece. Pero sé que está, se nota su presencia hasta en el aire, casi sólido. Es de mañana y es el inicio del invierno entre Jerez del Marquesado y Lanteira, en Granada. Y un poco más adelante, y avanzado ya el día, en un punto de nuestro camino divisamos elevado y visible, encerrado y altivo, vigilante y perfecto, el Castillo de la Calahorra.

(Diciembre de 2014)

Castillo de La Calahorra. Granada. Fotos: JMV y MGP

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