Es otoño.
En el norte
dan su fruto los castaños,
altos y fuertes.
Con toda la gama,
de los verdes y los ocres
van perdiendo sus hojas,
y caen, por su peso,
los repletos erizos.
Es otoño,
en otras latitudes
el bosque se alfombra de níscalos,
llueve y llegan, suaves,
los primeros fríos.
En el sur, donde yo vivo,
se van haciendo frías las noches,
la madrugada despierta
con un hilo de viento,
que anima a abrigarse
y tapar el sueño.
El mar ronca
algo más que de costumbre.
Los atardeceres se vuelven
violetas y rojos.
Las estrellas parecen
cubrirse de rocío.
Y yo, sigo esperando,
como siempre.
(29 de septiembre, 1999)