
Llegando a Granada
y sus confines
las choperas se suceden
en manchas transparentes.
Como una celosía
recta, cuadriculada
muda, delgada y anhelante.
Perfecta.
Columnas elegantes
que soportan el aire.
Pues tienen frío los chopos
que desnudó el otoño,
y se arriman, se confortan.
Ahora están desvestidos,
a finales de invierno,
y también impasibles
y cansados.
Sí, estos álamos callan,
débiles, casi duermen.
Menudos y pardos,
con sus troncos helados
del color de la plata.
Reservados y esbeltos,
hermosos y sutiles.
Callados, temblorosos,
como lanzas derechas,
tristes y pasajeros,
buscan el infinito.
Son árboles de agua.
Vivirán poco tiempo.
(2018)

Imagen: Ciudad de la Ciencia





