Con este mes de marzo vuelves a mi casa, que es la tuya. Donde se te esperaba. Como siempre. Y llegas con retraso. Tal vez, adormilada, un tanto perezosa, acaso, un poco triste. Pero, por fin, regresas. Sigilosa y prudente, discreta eternamente, casi muda. Recato inalterable. Sí, por fin regresas. Despiertas. Y floreces. Vieja amiga. (Marzo, 2013)





