La hora de las brujas
El reflejo violeta de la tarde,
fue cubriendo el aire,
inundando la vida de su luz
dolorosa, indescifrable.
Las siluetas
se fueron
cubriendo de misterio
y las cosas,
perdiendo
su nombre propio.
Y todo fue indeciso,
hasta mi sentimiento.
Y todo fue confuso,
hasta el propio viento.
El crepúsculo acaba de llegar
como siempre,
como un suspiro,
a una hora imprecisa,
con un aliento que no es
ni frío ni caliente,
con su luz delirante,
que no es noche ni día,
con su letargo agridulce
de recuerdos y nostalgias
con su eco de tímidas sonrisas,
de deseos incumplidos
y de llantos inacabados.
La luz nos dijo adiós,
hasta mañana,
que es como decir
hasta quién sabe cuándo.
El futuro no existe,
es incierto.
y todo el misterio,
el olvido y la melancolía,
se quedan enredados
en su hora insegura,
en el segundo mismo
de la postrera y última
luz de la tarde.
Con Venus regresó
la primera esperanza,
cuando sonó la mar,
y despertó al mundo,
cubriendo de un manto de estaño
mis pies y la tierra.
(1994)