Principios de verano en la meseta castellana

Estas tierras llanas quizá lo sean tanto, porque el pesado cielo las oprime y aplasta. Con su atmósfera intacta, ardiente, de tan pulcra. O su colmada carga de calima, blanquecina, lechosa y caliente. Y es tan espeso el aire, está tan harto, que entre el sembrado y él, no cabe nada. Si acaso, ese clamor, apasionado y libre, de las amapolas. (Junio, 2013)





