GIORGIA Y MILEVA: AMOR VERSUS ESTIMA. ARTE, CIENCIA Y MUJER (I)

MILEVA EINSTEIN (MILEVA MARIĆ RUZIĆ)

El pasado viernes 21 de febrero tuvimos el placer de asistir a la obra de teatro La señora Einstein, una grata sorpresa tanto por el acercamiento al personaje al que, sinceramente sólo conocía de forma superficial, como el magnífico montaje y puesta en escena de la obra por parte de Teatro DeFondo, bajo la dirección de Vanessa Martínez y con un guion conjunto de los integrantes del grupo: David Díaz, Gustavo Galindo, la propia Vanessa Martínez y Pedro Santos, y la magistral interpretación de todos ellos además de Guillermo Berasategui, Esperanza García-Maroto y Rocío Vidal. Destaco personalmente las interpretaciones femeninas Esperanza García-Maroto (Mileva) y Rocío Vidal (que interpreta varios personajes, entre ellos el de Helena), aunque todos ellos multiplican su papel.

Tanto el guion como la interpretación, montaje, producción y puesta en escena, todo ello marcado por la excelencia, la ha hecho candidata y ganadora de varios y reconocidos premios. Y es una obra en verdad para disfrutar durante casi dos horas sentado en una butaca y pendiente absolutamente del escenario en el que todo resulta atractivo.

Casualmente, dos días después, veíamos en Filmin la película Georgia O’Keeffe, del director Bob Balaban, estrenada en 2009.

A pesar de la distancia temporal, espacial y vital de estas dos protagonistas encontré un punto en común; común, por otra parte, en otras tantas mujeres, de todas las generaciones, parejas de genios o de hombres famosos. No es otro que el de deprecio por ellas mismas y el sacrificio propio en aras del desarrollo y éxito de la pareja masculina.

Aunque los casos no son idénticos, pues O’Keeffe supo marcar las distancias necesarias para desarrollar su importante carrera, en ambas circunstancias buscaron, y encontraron, el apoyo de una amiga para poder expresarse. Pero también, por otra parte, tanto una como otra apoyaron incondicionalmente al hombre que de algún modo las ensombrecía.

Pero vayamos por partes.

Mileva Marić Ruzić (Titel Serbia,1875-Zúrich, Suiza, 1948) se casó con Albert Einstein en 1903. Aunque el matrimonio se divorció en 1919, ella siempre siguió manteniendo su apellido de casada, señora Einstein.

Nacida en una familia campesina respetada y relativamente acomodada, su padre puso todas sus esperanzas en el futuro como científica de una hija con mucho talento que destacó desde muy pequeña en muchas materias y adelantó a sus hermanos varones. Fue esta inteligencia la que le permitió estudiar en un mundo absolutamente masculino y ponerse a la altura intelectual de muchos de sus compañeros superándolos en brillantez. Para ello necesitó un permiso del Ministerio de Educación de la actual Serbia, donde nació, y así poder entrar como alumna especial en el Real Colegio de la ciudad de Zagreb que, como es de suponer, no admitía mujeres. Parece que el conocimiento solo estaba reservado a los varones.

Fue de las pocas mujeres que pudieron aspirar a estudiar en las escuelas superiores de ciencia en su época y se le abrieron las puertas de universidades como Heidelberg o Zúrich (fue también la única entre los compañeros de Einstein admitida en la Escuela Politécnica Federal de esta ciudad), sobresaliendo siempre en sus calificaciones.

Pero, aunque llegó a ser una importante física y matemática, Mileva tenía claro, desde muy joven, y con el complejo de una cojera que creía que no gustaría a ningún hombre, que también quería ser mujer y no privarse de una familia creada por ella. Investigación y familia: Algo difícil de compaginar. Y así lo fue, pues tuvo que elegir y prefirió cumplir con el papel de esposa y sobre todo, madre. Una decisión que la llevaría al anonimato.

La obra que representa la compañía de teatro DeFondo tiene un argumento conductor y es una carta que la señora Einstein escribe a su primera hija y en la que, a través de la escritura de su mejor amiga, Helena, estando ya postrada y en vísperas de la muerte, hace un recorrido a lo largo de su vida. También su hermano y su hijo Hans son en parte narradores de la oscura y ensombrecida vida de Mileva, una existencia igualmente triste, por diferentes motivos: el abandono de su primogénita, que ahora, al final de su vida recrudece el dolor y también la renuncia a su pasión, la ciencia. Por supuesto el apartamiento sufrido por ella misma por parte de su marido y compañero de investigación y de vida. Son otros lo que cuentan su vida. En el decorado está siempre presente una pizarra donde aparecen fórmulas, letras y números y sillas y otros objetos domésticos que se mueven de sitio para delimitar los distintos momentos de la vida de la protagonista en una mezcla simbólica.

Albert y Milena Einstein se conocieron en la Facultad de Ciencias de Zúrich. Allí, la pasión por la física y su comparable inteligencia, superior a los otros alumnos, le llevaría también a otra pasión, más humana y sentimental, y contrajeron matrimonio, muy jóvenes, en 1903, una unión que no fue bien vista por ninguna de las dos familias. Antes de casarse tuvieron una hija, Lieserl, de la que hemos hablado, motivo por el que tuvo que abandonar sus estudios. No está aclarado si esta niña murió prematuramente por una enfermedad con tan solo un año de edad, o que, obligados por las circunstancias y falta de apoyo familiar tuvieron que darla en adopción no volviendo a verla nunca más. Esta es la teoría que adopta Vanessa Martínez para el desarrollo de la pieza teatral. A lo largo de la obra, Mileva estará constantemente arrepentida de esta decisión y culpabilizándose por ella. Pero los guionistas de la obra de teatro le proporcionan ser reconfortada en el último momento con la visión de esta hija y su imaginado perdón.

Retrato de la pareja Einstein

Ya casados, e instalados en Berna, el matrimonio tuvo dos hijos más: Hans, que acabaría trasladándose a Estados Unidos huyendo de la situación familiar y de su padre, y Eduard, que terminó padeciendo de esquizofrenia, internado en un centro psiquiátrico y arruinando con sus tratamientos a su madre que siempre lo cuidó. La enfermedad de su hijo pequeño no solo acabó con su patrimonio, también con su salud, pues iba sufriendo de recaída en recaída hasta su fallecimiento en 1948 en un centro hospitalario. Tenía 72 años. Es en este centro y en sus últimos días donde se empieza a contar su historia.

MIleva y sus hijos varones

Esta obra se propone sacarla del anonimato en la que la vida la sumió y a lo que también ha contribuido la publicación (1987) de las cartas que los entonces todavía novios Einstein se intercambiaron (1897-1902) y en las que tratan de los estudios y descubrimientos que compartieron.

Por su parte, Albert Einstein, instalado en la comodidad que ella siempre le proporcionó en el terreno científico y personal, nunca se preocupó de otorgarle el papel y reconocimiento que merecía.

Pues Einstein, el genio, que estaba ocupado solo en sus estudios y sus infidelidades, no llegó a ocuparse nunca del cuidado de su familia. Mileva y Albert acabaron siendo unos buenos colegas, colaboradores, pero un desafortunado matrimonio.

La señora Einstein, intenta explicar su historia como científica olvidada y su participación en el descubrimiento de la Teoría de la Relatividad y otros trabajos vinculados a su marido, de los que también formó parte, pero no fue nunca reconocida. La obra, de algún modo, refleja que era ella la que tenía el destello, la que encontraba el hilo del que tirar y del que su marido sacaba los resultados. Se trataba de un trabajo compartido y del que Mileva se sentía muy orgullosa del éxito de Albert.

Parece que las investigaciones sobre este particular no están del todo claras, pero cada vez se está más cerca de demostrar que en este descubrimiento que cambió la ciencia Mileva tuvo una gran parte de responsabilidad y que la pareja Einstein debía haber estado unida en la fama otorgada al científico. Su brillantez, en cambio, quedó cegada por la feminidad. Y en el máximo reconocimiento que supuso el premio Nobel ella no figuró. Fue el genio masculino quien se llevaría toda la gloria.

Para ese tiempo (1921), la pareja ya se había divorciado (el marido le ofreció el divorcio o seguir casados bajo unas condiciones humillantes y hasta denigrantes) y Einstein había contraído un segundo matrimonio con su prima Elsa, con la que ya mantenía relaciones desde mucho antes, y trasladado a Berlín. El avance del nazismo le llevaría definitivamente a Estados Unidos, precisamente el mismo lugar al que había huido su hijo Hans. La que entonces se conocía como la “tierra de la libertad”.

Mileva ya había regresado a Zúrich con sus hijos (1914) y al recibir el premio Nobel ella le solicitó la cuantía del mismo para mantener a la familia y cuidar de Eduard. Aunque en la obra no aparece como tal, sino al contrario, parece que el padre fue participando económicamente en el cuidado de los hijos con Mileva. Aunque al concederle la cuantía del Nobel le pidió que renunciaran a su herencia a favor de los descendientes que tuvo posteriormente con Elsa.

Todas son imágenes de la obra teatral La señora Einstein

Esta es una historia que es comparable a otras muchas de mujeres con tanto talento como sus compañeros, que han estado faltas de oportunidades, silenciadas y oscurecidas por ellos y por el hecho de ser mujer.

No se trata de contraponer ni enfrentar la mujer al varón, ni mucho menos, pero sí de valorarlas e incluso salvarlas del anonimato al que la han llevado, a lo largo de la historia, tantos hombres inteligentes y magníficos al mismo tiempo que dominantes, egocéntricos y egoístas.

La Señora Einstein, con una fantástica producción, intenta dar luz y sacar de las sombras a tantas y tantas mujeres que, como ella, aún están a oscuras. Una pieza teatral muy recomendable en todos los aspectos, tanto en el contenido como formal y de puesta en escena.

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