
«El sueño y la muerte del medio hermano», Waterhouse, 1874. Colección particular.
Cuando vengas por mí,
triste señora,
dueña de la vida,
no vengas distraída,
no me sorprendas cobarde,
no te escondas
ni me traiciones.
Llámame de frente
y mírame a los ojos,
y háblame despacio
para que te comprenda.
Pero hazlo con dulzura,
como se levanta
a un niño de la cuna,
como se corta
una flor en su tallo,
como recogemos el agua
que nos sacia la sed
en la cuenca de las manos.
Mírame de frente,
apúntame a los ojos,
directa y con afecto,
sin dolor, sin engaño,
sin sufrimiento inútil,
sin rencor ni desprecio,
y háblame con ternura.
Después, dame la mano
para que te acompañe.
(Noviembre 2013)

«La sombra», Benoît Suvée (1743-1807), Museo Thyssen-Bornemisza. Foto :La Hornacina






Qué bonito !!
Gracias
Magnífica
Muchas gracias, Javi. Me alegra tu comentario.
Y gracias también,a los dos, por el día de hoy, de lo más agradable y sustancioso.
Un abrazo. Buenas noches.
Qué delicadeza, Mercedes, para tratar la muerte. Qué aprendizaje más grande. Muchas gracias, un fuerte abrazo
Es algo natural a la vida, su contrapunto y su compañera. Hay que respetarla y desear que nos respete. Un beso.