ALGO QUE RECORDAR

Portada del libro de relatos. Ed. Destino

Como tantas veces, iba buscando un libro para regalar y me tropecé con un regalo que, por supuesto, no me resistí a hacerme. Estos mimos pocas veces se me resisten. Y el feliz tropiezo se titula Cada cual y lo extraño, el último libro de Felipe Benítez Reyes, uno de relatos.

Al leer la reseña me llamó poderosamente la atención la distribución de los capítulos, doce, uno por cada mes del año. Desde hace mucho tiempo tengo esta estructura en la cabeza y es una idea que acaricio: un libro de relatos, con doce meses, con doce historias más o menos complementarias. Unas historias que se mueven entre fechas señaladas, con momentos precisos. Y ahora lo veía. Bueno, otro. Las historias serían diferentes, el título por supuesto también.

Así que ya era un elemento más para abrirlo despacio,  entrar en él y conocerlo. Y acerté. Creo que hacía tiempo que no leía relatos de verdad. Y los he disfrutado. Muchísimo.  Las páginas de Cada cual y lo extraño encierran en cada episodio un universo entero, pedazos de biografías que marcan y abarcan toda una vida y sus misterios. Y todo en una fracción de tiempo que no se puede medir, en lugares que no se pueden localizar. Benítez Reyes sitúa cada relato en un lugar preciso y reconocible que, aunque tal vez reales, quiero pensar que son inventados. Ha instalado cada historia en un mes del año. Pero tiempo y espacio, aún con sus vinculaciones, parecen quedar aquí disueltos en los sentimientos, las impresiones y el rastro los protagonistas.

Unos protagonistas que, ya mayores, comprenden recuerdos de niños, que añoran la inocencia y las ilusiones de los adolescentes,  que se pierden entre las telarañas, las luces y las sombras de la vejez, que se desconocen a sí mismos ante sentimientos imprevistos y situaciones incomprensibles, que sueñan con falsos deseos que son de otros, que se pierden en los abismos también de otros, que se sobreponen a la juventud, que se dejan llevar, que se desprenden de recuerdos asfixiantes, que son objeto del juego de un destino caprichoso y cruel, que se abandonan en el vacío de sí mismos, o que acaban encontrándose en ese mismo vacío. En fin, situaciones tan vitales como humanas, tan dramáticas como irónicas, tan raras como reales, tan ridículas como auténticas, tan extravagantes como personales, tan desconcertantes como ciertas, tan delirantes como también, quizá,  frecuentes.

Así es, la simple existencia es a veces caprichosa, sorprendente y hasta chocante. Y nosotros nos volvemos unos extraños. Los demás se convierten, o ya lo son, también en extraños  y, cuando menos lo esperamos, nos pasan cosas extrañas que nos afectan para siempre. Es el capricho de las horas, de los días, del tiempo. El azar, que puede ser despiadado, que puede ser quizá justiciero, travieso y hasta cómico.

Por edad y por geografía tengo referencias comunes con el autor del libro y he creído reconocer en estas pocas páginas -se han hecho cortas- alusiones a paisajes, calles, lugares, espacios. Y precisamente por eso creo que no están en ningún sitio, solo en el precioso lugar de la evocación. Poéticamente, magistralmente diría yo, las historias rememoran imágenes, recuerdos que quizá lo parecen, que tal vez lo sean, pero no lo son -eso es lo que yo creo-, y en realidad son pistas que nos sugieren biografías e historias personales.

Cada relato, ya he dicho que son doce, se instala en un mes del año. El ambiente en el que se desarrollan queda, en cierto modo, reflejado por la fecha. Sin embargo, tampoco aquí esa línea del tiempo es importante, pues el marco de cada historia son los sentimientos, difíciles de explicar y hasta de entender, por cierto. Es la vida  la que aparece en todas sus dimensiones. Cada cual, cada personaje, se encuentra con sus experiencias, sus reflexiones y sus mundos privados, particulares, íntimos, pero reconocidos por el lector. Porque se enfrenta, en cierto modo, con su humanidad. Y ahí está lo extraño, el elemento extraño de cada uno. Como cualquiera de nosotros, los protagonistas de este libro transitan por una vida caprichosa, tan insólita y antojadiza, a veces, que ni siquiera están seguros de que sea suya, como nosotros llegamos a dudar de la nuestra y, en ocasiones, la mejor solución es conformarse con que nos deje un hueco en el que existir. La explicación ya vendrá, o no.

Pero además, estos fragmentos de mundos y tiempos propios, cada cual el suyo por extraño que sea, están contados de una forma sencilla y directa. Y, con un estilo tan natural como exquisito. Una combinación fascinante. Y creo que el Benítez Reyes poeta está presente en estas páginas. También el irónico. Buena combinación. Y a  mí, que me atraen las dos cosas -poesía e ironía-, particularmente me ha gustado, y mucho. Así que diría que el disfrute está servido, y hasta asegurado.

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