Íbamos de paseo
por la tarde morada.
Quizá ya no te acuerdas
hace ya mucho tiempo…
Y las nubes sonaban
como grandes tambores
tocadas por el viento,
que arreciaba furioso
y empujaba las luces
postreras del paisaje.
Y el horizonte oscuro,
del color de la malva,
hacia el negro
¡era tan imponente…!
Tan soberbio el momento,
que creímos vivir
el final de los tiempos,
deseando llegar
cogidos de la mano.
Hace ya tanto tiempo…
Y tan jóvenes éramos
que todo parecía
un tremendo misterio.
Quizá ya no te acuerdes.
Y a la tarde morada,
y a las nubes oscuras,
llegamos a destiempo
cada uno por su lado,
desasidos y solos.
Aunque al final volvimos
de nuevo acompañados
a la casa paciente
que aguardaba la vuelta.
Ya otras nubes acechan
y engordan con el frío,
los truenos se distinguen
con un sonido propio,
presagio de aguacero,
ruido de tormenta.
Ya nada es misterioso
al final del paseo.
Y ya, aunque te lo repita
tal vez ya no te acuerdes
del color de la tarde,
que quizá, aquel día,
era rosa
después de todo.
(Junio, 2015)