
Mar de pinos
La luz clara de julio
entra por la ventana
esta tarde dormida,
casi muerta.
Detrás verdean los pinos
con sus copas redondas
y aplastadas,
con sus ramas abiertas
en busca de aire fresco.
Pero yo no los veo,
sí oigo el piar continuo
de pájaros que corren,
que vuelan a esconderse
o vuelan, simplemente.
Y voces, risas, gritos
y hasta canciones oigo
sin compás, ahí abajo.
Pero yo no los veo.
En esta cama blanca
oigo, imagino y siento
esta luz pura y clara
todavía en esta hora
de la tarde de julio.
Esta luz de verano
impertinente y joven.
En esta cama blanca.
Es la vida de fuera
que entra por la ventana,
que se cuela insolente.
Insolente, atrevida
y tan provocadora
en la pequeña y fría
habitación de hospital.
(Julio, 2016)




